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"En lugar de compras innecesarias, demos más las gracias y pidamos perdón"

Personas paseando por la Rambla en Navidad

Personas paseando por la Rambla en Navidad / Ajuntament de Barcelona

La tarjeta de crédito es el verdadero icono de estas fiestas navideñas -en 'woke': fiestas del solsticio de invierno- porque parece que sin su obligado protagonismo no existe la felicidad suprema de obsequiarse a uno mismo o de regalar a los demás.

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El consumismo desaforado, la presión social y el bombardeo publicitario nos incitan a compras compulsivas e innecesarias y que esconden, en ocasiones, un profundo vacío emocional, falta de autoestima o soledad. Se apela a reencuentros familiares o determinadas celebraciones para ese gasto excesivo. Sin embargo, la felicidad no se puede comprar y tampoco consiste en la obtención de un determinado bien material.

En este periodo de final de año demos las gracias a quienes nos han apoyado, ayudado o querido y pidamos perdón -está visto que cuesta mucho- a los que, aún sin quererlo, hayamos perjudicado, molestado o agraviado. Y, finalmente, pensemos que el don más preciado es la salud. Recuerdo, ahora hará 11 años, que me 'tiré' en un hospital desde el día del Gordo de Navidad hasta el día después de Reyes. Fue muy duro, pero también hermoso; gracias a ese hecho puedo escribir hoy estas líneas.

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