20 feb 2020

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Los niños salvados de Tailandia o por qué nada es imposible

Mario Martín

Mario Martín

Salardu

Menos de veinte días después de adentrarse en una cueva, doce niños componentes de un equipo de fútbol, junto con su entrenador, han logrado salvar sus vidas, habiendo incorporado los aprendizajes que les fueron necesarios para ello, fundamentalmente nadar y bucear, lo cual supone toda una alegoría, y gran metáfora, de la necesidad de adaptación, de cambio y de incorporar nuevas competencias o habilidades que todos tenemos.

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El 23 de junio, el entrenador asistente del equipo de futbol Wild Boars (jabalíes) quiso recompensar a sus jugadores tras un buen entrenamiento, celebrando el cumpleaños de uno de los chicos del equipo en el interior de la cueva Tham Luang, algo que ya habían realizado en otras ocasiones. Dejaron sus bicicletas en la entrada de la cueva y se adentraron en ella sin dar importancia a los carteles que alertaban del peligro vinculado a la época de lluvias en la que se encontraban, una temeridad que les pudo costar muy cara.

A las veinticuatro horas de no tener noticias de los niños y su entrenador, se organizó la búsqueda, que rápidamente dio como resultado la localización de las bicicletas de los chicos a la entrada de la cueva. Las filtraciones de lluvia habían elevado el nivel de las aguas interiores hasta tal punto que los Wild Boars quedaron sobre un pequeño promontorio de tierra, a unos cuatro kilómetros de la entrada. 

Desde el mismo momento de ser consciente de lo que ocurría, Aek, antiguo monje budista, tranquilizó a los niños trasladándoles confianza y dándoles herramientas para optimizar sus pequeños recursos, administrando energías, iniciándoles en la meditación para mantenerles calmados, enseñándoles a sorber agua filtrada desde las piedras que formaban estalactitas y monitorizándoles en ejercicios de relajación, convencido de que se enfrentaban a una larga espera hasta la llegada de los servicios de rescate, pero con la confianza sobre que ello sería así.

Aek fue imprudente al adentrarse en la cueva con el grupo de doce niños, ello fue un error, pero como tantas veces nos sucede en la vida, el pasado no tiene vuelta atrás, y tras asumirlo supo dar lo mejor de si mismo para liderar al grupo. El 9 de julio, nueve días después, un equipo de buzos llegó hasta donde estaban los niños y su entrenador; el primer logro, el de la supervivencia hasta entonces, estaba conseguido.

Gran lección de vida de todos ellos y del equipo de rescate que nos demostraron que nada es imposible. ¿Cuantas veces en la vida hemos descartado hacer las cosas de diferentes manera? ¿En cuántas de ellas nos ponemos excusas? ¿Cuántas respuestas te has dado, a ti mismo, diciéndote ¡no puedo!, ¡no soy capaz!? El primer paso para conseguir cualquier cosa es intentarlo.

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