29 oct 2020

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"Los mayores no pueden seguir siendo pasto del negocio millonario de las residencias"

Paqui Bernal

Una mujer coge la mano de una anciana, en una foto de archivo.

Una mujer coge la mano de una anciana, en una foto de archivo. / FERRAN NADEU

Vi las noticias sobre la residencia geriátrica de Llíria en Valencia. Unas imágenes brutales, llenas de falta de sensibilidad, cuidado, tacto, empatía… ¿Qué esperamos más? ¿Nos hemos deshumanizado tanto que no haremos nada al respecto? En las residencias geriátricas falta personal, faltan recursos, porque sobre todo en las residencias privadas lo que prima es el factor beneficio.

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Ha tenido que venir una pandemia para ver cómo tratan a los residentes, cuando las familias no podemos observar de primera mano lo que pasa de puertas adentro. En el vídeo se ve a los ancianos medio desnudos, comiendo solos, con heridas sin curar, desnutridos... Una dejadez total. Duele ver estas imágenes, porque piensas que tu padre, fallecido de covid en mayo, pudo estar en esa situación.

Las residencias geriátricas han de estar controladas por las Comunidades Autónomas o por el Estado. Los mayores no pueden seguir siendo pasto de un negocio millonario. El envejecimiento de la población y el aumento de la esperanza de vida han hecho que estas empresas logren ingentes beneficios. Lo más irrisorio es que todos pensábamos que nuestros mayores estarían bien atendidos en sus últimos años y resulta que están maltratados, abandonados, y ellos no se pueden defender y las familias, que hasta ahora estábamos vigilantes, con la pandemia hemos estado ausentes por unos protocolos que se decían defensores para los mayores, pero que han supuestso un abandono total por parte de las administraciones, que han de poner cartas en el asunto.

Se deberían controlar las dotaciones, las ratios de personal; no puede ser que un trabajador se encargue de 10 o más residentes; se debe dotar a las residencias de material, no se puede volver otra vez a la situación de marzo. Los que perdimos algún familiar y tenemos a más en esto centros, estamos asustados, nerviosos, irritados y con ganas de luchar por ellos, ya que al parecer nadie lo hace.

Quiero lanzar un grito de rabia por aquellos que tienen silenciada su voz, pero no la de miles de familiares que están con ellos hasta el final.

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