07 abr 2020

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Los bancarios, al pie del cañón

Ana María Peña

Retirada de dinero de un cajero.

Retirada de dinero de un cajero. / DAVID CASTRO

Me quedé perpleja cuando oí en televisión que el Ejército no debía limpiar los cajeros, que debían ser los bancos. Me pregunté cómo sería el rumbo de ese soldado si tuviera que saltarse cada cajero en cada calle, y también si se saltaría los carritos del supermercado si estuviesen en la calle… ¡disparatado!

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Los cajeros y las tarjetas (de las que recomendamos el uso) están a pleno rendimiento, como la atención telemática, con ampliación de horarios voluntaria en muchos casos, y durante esta semana se atenderá, sin ninguna medida de seguridad adicional, a todos los mayores que necesitan, para no caer en pánico, el dinero en efectivo de su pensión.

Los bancarios, que no los banqueros, como tantos otros servicios básicos de la sociedad, están dando lo mejor de sí mismos, en especial los que están en “la trinchera”, como lo llamamos nosotros, cargando cajeros, activando tarjetas, al teléfono y en las oficinas. Durante la primera semana de alarma todas, todas, las oficinas de la banca siguieron abiertas. Hoy por hoy aún alguna entidad mantiene el mayor número de oficinas abierto, excepto aquellas donde se han producido contagios, y respetando a quien sufre enfermedades de riesgo. Esto supone un mayor esfuerzo: la plantilla será cada vez más escasa. Además, los bancarios, que no los banqueros, deben seguir sus cursos de formación obligatoria por normativa europea y enfrentarse al resto de reclamaciones, como comisiones o nuevas resoluciones de sentencias. Para cada uno lo suyo es lo más importante, y cuando uno se dirige a su oficina “tiene el derecho a exigir”. Para ser justos, algún ‘gracias’ se recibe.

Los bancarios y también los banqueros serán los que sigan ahí para poner en marcha las moratorias de las hipotecas o las líneas de crédito y demás medidas que se articulen a través del mercado financiero. Porque, cuando esto acabe, que acabará, será cómo cuando uno salva la vida en un accidente y se vuelve a mirar el coche esperando que tenga los menos daños posibles. Y los bancarios, y espero también que los banqueros, estarán a la altura de todo ello, pero, como el papel higiénico, se agotarán las existencias sin que nadie reconozca haberlo comprado.

Deseo que este virus, del que sacaremos muchas cosas buenas (calles y cielos más limpios, unidad y solidaridad a raudales), pueda limpiar también la imagen de nuestro sector, que, como siempre, está al servicio de todos, y poder dejar de sentirnos como papel higiénico.

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