01 oct 2020

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Llenamos nuestra vida de superficialidad en vez de reflexión

Anaïs Calabuig

Tienda de la joyería Tous en el centro comercial Gran Via 2 de L’Hospitalet, en Barcelona.

Tienda de la joyería Tous en el centro comercial Gran Via 2 de L’Hospitalet, en Barcelona. / Ricard Cugat

Hace solo unas semanas todo era distinto, todo era normal. Convivíamos en sociedad, nos relacionábamos en contexto. Consumíamos, luego existíamos. Íbamos a trabajar enfundados en nuestros trajes de 'confidence' y de 'expertise'. El sueño lo dejábamos soterrado en casa bajo capas y capas de maquillaje y una sonrisa bien dibujada y la familia se posponía a la hora de la cena, o al fin de semana. Y luego, estábamos nosotros, encastrados entre las fisuras de nuestra enorme máscara, pospuestos hasta nuevo aviso.

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Una máscara 'home made' hecha de promesas, de símbolos y de tótems en cuyo poder creíamos ciegamente. El coche, el bolso, la camisa, el perfume, la cartera, la escapada, la manicura, los tacones, el "ay, necesito algo nuevo" y el "es viernes, toca salir" eran la religión de una generación malcriada. Porque, sí, con el consumo nos definimos, nos dibujamos, nos creamos ante y para los demás. Creamos la persona, en toda su etimología griega, y somos para, por y con los otros. Pero, ¿y qué pasa cuándo no consumimos?

No nos conocemos. Buscamos desesperadamente formas de consumo que nos hagan sentir el subidón, el 'hype' que sentíamos antes cuando salíamos de la tienda con las deportivas nuevas bajo el brazo. Buscamos y buscamos y muchos siguen practicándolo. ¿Por qué, si no, Amazon ha subido en ventas? ¿Por qué, si no, las redes van más llenas que nunca? Son la nueva ágora en tiempos de pandemia, pero seguramente con menos filosofía.

La vida nos ha brindado la oportunidad de cavar, de ir hacia abajo, de profundizar en nosotros más allá de nuestros modos y hábitos, y en vez de ir hacia abajo simplemente estamos surfeando por la superficie de la inconsistencia. En vez de informarnos, fagocitamos números y los repetimos en estado de pánico. Tantos muertos hoy, tantos infectados. Repetimos y repetimos  la información. La llenamos de superficialidad en vez de reflexión. 

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