La violencia extrema, una pandemia casi imposible de atajar

Homenaje por las víctimas del tiroteo de El Paso.

Homenaje por las víctimas del tiroteo de El Paso. / EPA

José Manuel Fernández-Arroyo Castellano

En alguna parte he leído que con la canícula estival aumenta la agresividad de las personas y los actos violentos se recrudecen hasta límites lacerantes. ¿No será que la maldad innata de los humanos, o de una parte, es así de destructiva

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Me inclino por esta teoría. Si no, ¿de qué modo se explica que un joven, se le catalogue de perturbado o no, irrumpa en un centro comercial o en un colegio -como en Texas y Ohio, recientemente- y descargue toda su furia y odio xenófobo disparando a discreción hasta conseguir el máximo de víctimas posibles? ¿O que en conflictos bélicos se bombardee a la población civil, se la torture, se cometan violaciones y otras atrocidades? ¿O que los talibanes y los llamados señores de la guerra decapiten cruelmente y en público a sus rehenes ?

Del mismo modo, ¿cómo se explica que los grupos llamados manadas, los cuales tan de moda están últimamente, agredan sexual y salvajemente a las mujeres? ¿O que cada seis días -de promedio- durante este 2019 se cometa un asesinato machista en España, como ejemplo más cercano? ¿O que los capos de la droga y de otras actividades delictivas utilicen la violencia desmesurada para controlar o expandir sus negocios?

Sí, en efecto, violencia extrema y gratuita. Una pandemia estructural que no hay forma de atajar en este mundo actual. Máxime si mandatarios de determinados países fomentan el odio, la homofobia, la xenofobia, la discriminación en general y la desestabilización geopolítica por puro egocentrismo, intereses partidistas o ultranacionalistas.

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