19 sep 2020

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La intolerancia en las piscinas comunitarias, un reflejo de lo que pasa en nuestro país

Vicente Gómez

Una piscina vacía de agua.

Una piscina vacía de agua. / Oscar J Barroso / Europa Press

Escribo esta carta para denunciar la intolerancia y el egoísmo que se da en algunas piscinas de comunidades de vecinos. La comunidad donde vivo tiene la suerte de que la piscina nunca llega el aforo permitido de bañistas debido a que la mayor parte de viviendas (32) no utilizan el servicio de piscina. Pues bien, se da la paradoja de que un grupo de tres o cuatro vecinos residentes llevan como invitados a sus hijos, nietos y demás familiares durante las mañanas y tardes de lunes a domingo. Me parece correcto y nada que decir, el problema es que estos residentes y familiares invitados se han "apropiado" de la piscina de tal manera, y aquí empieza el problema, que no permiten que ningún vecino traiga a sus amigos, especialmente adolescentes. La piscina como mucho llega al 50% de su aforo, no se ha roto nada, se utiliza la ducha y demás.

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La intolerancia y el egoísmo llegan incluso a la intimidación, con preguntas personales y haciendo fotos. Los estatutos, normas de régimen interior y acuerdos en actas de reuniones no dicen nada al respecto de restricciones. El administrador, obviamente, tira pelotas fuera para estar bien con todos y no tomar partido por nadie. El caso es que esos señores que se sienten los únicos dueños de la piscina ni siquiera respetan las normas ni recomendaciones.

Si extrapolamos el microcosmos comunitario a toda la sociedad en general, no es de extrañar que seamos hoy el país con más contagios de covid de Europa, y deberemos añadir otro virus tanto o más peligroso: el de la intolerancia y el egoísmo. Desearía que mi caso fuese solo una excepción.

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