"La hipocresía de la turismofobia"

Aspecto de la plaza de Catalunya, sin apenas turistas.

Aspecto de la plaza de Catalunya, sin apenas turistas. / MANU MITRU

Pau Folch Rius

Muchas veces hemos oído la expresión "el turismo es el motor de la economía de España", pero ahora nos damos cuenta de que no solo era el motor, sino también el chasis, la tapicería y la pintura. El sector más golpeado por la pandemia y las restricciones, junto a la restauración, se encuentra bajo unos mínimos históricos: hoteles cerrados, facturando cifras mínimas en comparación al año pasado y muchos empleados sin trabajo. Lo que es realmente curioso es que en los últimos años se había extendido cada vez más la influencia de la "turismofobia". Es decir, el miedo u odio hacia los turistas, el cual últimamente estaba siendo un foco de debate y ha generado disputas entre residentes y turistas, lo cual ha desencadenado en un estado de incomodidad entre ambos.

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En ciudades como Barcelona, la que yo vivo, esta tendencia al odio hacia el turista ha ido creciendo cada vez más en los últimos años, pero claro, ahora que no hay turismo nos quejamos de que no hay trabajo, de que no podemos abrir los locales nocturnos y de que no tenemos clientes. Ahora nos damos cuenta de que esos turistas que inundaban Las Ramblas, que se iban de fiesta por nuestras calles o que inundaban nuestras playas eran los que mantenían a nuestras familias y los que nos daban trabajo.

Y es que al fin y al cabo, cuando nos tocan los bolsillos es cuando realmente nos damos cuenta de lo que nos interesa. Los residentes y los turistas conviven en un mismo espacio, pero viven realidades diferentes y debemos aceptar y gestionar ambas realidades, no apoyar más a una y dejar de lado a la otra. Tenemos que aceptar que un turismo masivo se traduce en un beneficio masivo para la ciudad y para los ciudadanos.

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