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"La jornada partida"

Hoteles y edificios de oficinas en la plaza Europa de LHospitalet de Llobregat, junto al recinto de Fira Gran Via.

Hoteles y edificios de oficinas en la plaza Europa de LHospitalet de Llobregat, junto al recinto de Fira Gran Via. / Jordi Otix

El horario laboral partido resulta un anacronismo difícil de encajar en la realidad actual. No se trata de una nueva exigencia de comodidad: la estructura familiar y económica ha cambiado. Hoy ambos progenitores deben trabajar para sostener la economía familiar, y los horarios laborales deberían ser compatibles con los escolares y familiares.

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Una jornada de ocho horas, interrumpida por dos o tres horas, puede ocupar en la práctica diez, once o doce horas del día. Para quien vive en otro municipio, la pausa no permite regresar a casa y obliga a permanecer vinculado al trabajo durante toda la jornada, además del poco provecho de las pausas.

Es un sistema que parece heredado de otra época y de otros ritmos de vida. Si en determinados sectores resulta inevitable mantenerlo, debería reconocerse su coste: la comida tendría que estar cubierta y el horario debería incorporar un plus económico realmente importante.

No se trata de trabajar menos, sino de que ocho horas de trabajo no terminen condicionando doce horas de vida. Los horarios comerciales españoles no concuerdan con los del Occidente desarrollado.

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