Investidura a la vista

Mariano Rajoy y Albert Rivera, el pasado 10 de agosto, en el Congreso.

Mariano Rajoy y Albert Rivera, el pasado 10 de agosto, en el Congreso. / JOSÉ LUIS ROCA

Mario Martín

Mario Martín

¡Ya tenemos investidura a la vista!, será el 30de agosto y después de más de dos meses transcurridos desde las elecciones del  26-J, no sabemos muy bien qué es lo que ha cambiado para que el receloso Rajoy someta ante el Parlamento su candidatura sin, aparentemente, contar con los apoyos suficientes.

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Es posible que haya alguna negociación, incluso compromisos asumidos, que no sean visibles ante la opinión pública, porque, como tantas veces ocurre, lo que se presenta ante nuestros ojos es, fundamentalmente, escenificación.

En todo caso, podemos decir que la suerte está echada, como en la conocida cita latina “Alea iacta est” y es que alguna víctima va a ser cobrada.

Mariano Rajoy ya cuenta con Ciudadanos y Coalición Canaria para alcanzar los ciento setenta apoyos, pero aún así le faltan seis para alcanzar la mayoría que necesita. Posibles cómplices, aunque complicados, podrían salir de las filas del PNV (5 escaños), condicionado a que sea después del 25S, e incluso Democracia y Libertad, antigua CDC (8 escaños), que aunque difícil, muy difícil, siempre habría forma de presentarlo como un acuerdo en base a importantes contraprestaciones, que podrían quedarse en temas económicos, sin entrar en otras cuestiones mucho más sensibles.

Pero también es posible un acuerdo ‘in extremis’ con el PSOE,  justificado en clave de sentido de Estado, por el cual algunos de sus diputados podrían completar la necesaria mayoría, a través de abstenciones ‘técnicas’.

Incluso es probable que asistamos a la derrota de la candidatura de Mariano Rajoy a la presidencia del Gobierno, probando el amargo cáliz que ya sufrió en carnes propias Pedro Sánchez, aunque ello pueda ser solo una condición previa para otra sesión de investidura, quizás, incluso, ya marcada en agenda para el mes de octubre.

La escena política española se parece cada día más a un circo romano, donde la disputa se realiza entre perdedores, no capaces de la victoria por sí mismos, pero aferrados a su propio estatus y a una sola palabra en su ideario: resistir; con un presidente del Gobierno en funciones incapaz de admitir que él es parte principal del problema; y en medio de ese combate ¿quién será la víctima?

Lamentablemente ese papel nos corresponde en exclusiva a los españoles que asistimos a esta liturgia entre líderes incapaces de dar paso a la regeneración expresada con nuestros votos no una, sino dos veces, y ya camino de la tercera, o quizás no. “Alea iacta est”.

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