02 jun 2020

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"Hoy parece que hay un dictador en el número 10 de Downing Street"

Mario Martín

Mario Martín

Manifestación contra la decisión de Boris Johnson de suspender el Parlamento, este sábado a las puertas de Downing Street, en Londres.

Manifestación contra la decisión de Boris Johnson de suspender el Parlamento, este sábado a las puertas de Downing Street, en Londres. / AP

Corría el año 1987 cuando un joven Boris Johnson, por entonces con 23 años, fue expulsado del prestigioso diario británico The Times, por falsificar una cita sobre el supuesto amante de Eduardo II que llegó a aparecer en la portada. Nadie podría haber profetizado entonces que aquel inexperto plumilla llegara hasta la primera línea política, como primer ministro del Reino Unido.

El sillón desde el que dirigieron los designios del país que ha regalado al mundo las normas e instituciones de la democracia, personalidades como Winston Churchill, Benjamin Disraeli, Harold Wilson, Edward Heath o Margaret Thatcher, es hoy ocupado por quien ha sabido utilizar, para su propio beneficio, el hartazgo y desapego de una parte de la sociedad británica respecto a Europa, haciendo responsable a los demás de sus propios problemas, sintonizando con el alarmante fenómeno de populismo que recorre el mundo, aferrándose a una única idea, la de un brexit sin acuerdo y cuanto antes (el 31 de octubre).

El sucesor de Theresa May, en las pocas semanas que lleva en el cargo, ha dotado a aquella de perfil de estadista, por su comparación con él mismo, al igual que con los antecesores de ella, sin entender que en política, y más en una democracia, se puede defender cualquier argumento, pero lo que no se puede hacer es suprimir el debate y las opiniones en contra.

Boris Johnson ha decidido cerrar el Parlamento de Westminster, hurtando las funciones esenciales que tiene en la democracia de más tradición en Europa, con lo que ello representa también para todo el mundo. ¿De qué sirve una democracia sin un parlamento activo?

En la historia británica no había sucedido nada parecido salvo en el siglo XVII (1641-1642) cuando el rey Carlos I decidió, como Johnson ahora, el cierre del Parlamento, precipitándose unos acontecimientos que derivaron en una guerra civil y Carlos decapitado. Lo cual, por absolutamente infrecuente, enmarca la importancia de una decisión como la tomada casi cuatrocientos años después, en la cual no se debería obviar el rol de la reina Isabel IIratificando la decisión de su actual premier.

El error del joven Boris Johnson en su primer trabajo como periodista lo purgó él mismo camino de otros trabajos aún lejos de The Times, pero las consecuencias de sus acciones hoy las pagaremos todos, sus propios conciudadanos y todos nosotros en Europa.

El Reino Unido fue esencial en la lucha contra el nazismo, presentando cara a la dictadura representada por Adolf Hitler desde la tradición de la democracia parlamentaria británica, entonces encarnada por el liderazgo de Winston Churchill, pero hoy es en el 10 de Downing Street donde parece haber un dictador.

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