25 sep 2020

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PDeCat , ERC y la CUP han de ser una hidra de tres cabezas

Adrià Huertas Vidal

Adrià Huertas Vidal

Roger Torrent, durante la sesión constitutiva del Parlament, el pasado 17 de enero.

Roger Torrent, durante la sesión constitutiva del Parlament, el pasado 17 de enero. / JOAN CORTADELLAS

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Algo diferente se respira en Catalunya desde el martes. Tras otro giro dramático -o no- de los acontecimientos, un sector independentista ha alcanzado una madurez política al demostrar que ya no todo vale. Sobre todo, desde ERC, donde no vieron con buenos ojos empezar una legislatura con otro presidente del Parlament encausado por delitos de desobediencia.

ERC tiene prisa por formar gobierno, levantar el artículo 155 y restablecer una normalidad política en Catalunya que daría más posibilidades a Junqueras para salir de prisión. De puertas afuera, Torrent dejó claro que en ERC no se plantea otro candidato alternativo al 'expresident'. Pero cuando se cierra el telón, las discrepancias entre CUPJunts per Catalunya y ERC son notables, no solo por el intercambio de unos mensajes entre Puigdemont y Comín, sino en los debates en televisión y radio en los que coinciden las tres formaciones.

Obviamente, de esta situación se ha aprovechado tanto el Gobierno central para apuntarse el tanto como los grupos no independentistas en Catalunya para seguir hurgando en la herida bajo el clásico 'divide y vencerás'.  La principal fortaleza del independentismo hasta ahora era que consiguieron unir los dos ejes políticos (izquierda y derecha, clase alta y clase baja). Incluso les sobró espacio para hacer hueco a líderes de los movimientos sociales que habían impulsado desde las asociaciones el 'procés', como Carme Forcadell y Muriel Casals, o ahora, Jordi Sánchez. En su momento no importaron las siglas y nació Junts pel Sí; ahora, el independentismo tiene que ir un paso más allá y hacer lo mismo con los nombres propios.

No conocen a la Catalunya independentista aquellos que dicen que sin Puigdemont el 'procés' ha muerto. Son los mismos que pensaron que todo era una estrategia de Artur Mas para tapar años de corrupción al frente de las instituciones por parte de Convergència. Y sin él, los que vinieron luego han seguido llenando el centro de Barcelona cada 11-S, han conseguido salvar un referéndum amenazado a golpe de porra y han mantenido su mayoría absoluta en la cámara, aunque sus líderes políticos estuvieran en prisión preventiva o en el exilio.  

Si quieren de verdad que el 'procés' no muera, tanto PDeCat como ERC y CUP tienen que ser una hidra de tres cabezas, donde si cortan una, las otras dos pueden defenderse mientras esta se regenera. No pueden morderse entre ellas porque al fin y al cabo las tres proceden de un mismo tronco, la independencia, sustentado en cuatro grandes patas: el pacifismo, el derecho a decidir, la movilización ciudadana y el parlamentarismo. 

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