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"Nos hemos ahogado en el pasado por querer formar un gran futuro, olvidando el presente"

Un hombre mira las funciones biomédicas de su reloj inteligente.

Un hombre mira las funciones biomédicas de su reloj inteligente. / Álvaro Monge

¡Corred! ¡Ciudadanía, corred! En este mundo competitivo, nos hemos dejado llevar por la vida como si nuestro tiempo no tuviese un final, como si fuésemos seres infinitos cuyo destino no acaba jamás. Nos hemos acostumbrado a exigirnos como si no tuviésemos nada más que hacer que cumplir objetivos profesionales o académicos, pasando por la vida como si fuera eterna; mientras que el peso del tiempo perdido carga sobre nuestros hombros. ¡Y tanto que pesa! Llega un punto en el que nos damos cuenta de que no podemos más y es en ese momento cuando la vida ha pasado. Desafortunadamente, ya no puedes más.

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Aun siendo conscientes de que somos seres finitos, nos paseamos por la vida como si no tuviésemos que vivirla. Esa triste carrera de llegar lo más lejos posible, triunfar en el ámbito laboral o académico, destruye la propia esencia humana, el disfrute del momento. Nos hemos ahogado en el pasado por querer formar un gran futuro, olvidando el presente. Y así lo único que se ha conseguido es vivir en un tiempo que no existe y rechazar el ahora, generando verdaderos saltos en el tiempo que destruyen la propia lógica. Es así como se forman caos temporales que derivan en un mal posicionamiento en el espacio, pues la mente está tan lejos del cuerpo, de la vida, que cuando lo piensas ha pasado lo suficiente como para no poder avanzar más. Un verdadero camino a la velocidad de la luz que, cuando queremos ser conscientes de dónde nos encontramos, nos ha hecho vivir más de lo que pensábamos.

Triste realidad la que hemos configurado al darnos cuenta de que el mundo es de todo menos real, pues no la estamos construyendo como seres humanos, sino como máquinas que solo buscan la productividad. Y de este modo hemos generado conflictos internos que nos impiden identificar quiénes somos hasta el punto de deambular por las calles como extraños pasajeros que no tienen nada que ver con la realidad.

¿El tiempo está pasando o pesando?

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