"El general invierno afila sus fauces, pero estamos a tiempo de reescribir el libreto de nuestras vidas"

Dos amigas se dan un abrazo bajo las luces de Navidad del Portal de l’Àngel, en Barcelona.

Dos amigas se dan un abrazo bajo las luces de Navidad del Portal de l’Àngel, en Barcelona. / Manu Mitru

José Luis Posa Lozano

José Luis Posa Lozano

Se marcharon renos y camellos; nos dejaron las calles alfombradas de boñigas y los contenedores repletos de plástico y cartones. Los estantes ya no acogen libros ni vinilos, están huérfanos de música y literatura; trasteros de artilugios que se olvidan a los cuatro días de haberlos comprado. Abres la ventana de la caja tonta y te conduce hacia ese mundo ficticio que ellos llaman actualidad, pero que es tan solo el telón tras el que esconden un mundo en bancarrota. La Navidad ha caducado y el "general invierno" afila sus fauces espectrales.

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Eros ha muerto, Marte impera, pero aún estamos a tiempo de encender la lumbre en nuestros hogares, tomar un libro entre las manos y acariciar sus páginas, de sentarnos en nuestra butaca y compartir con los nuestros esa música que un día nos unió y que teníamos olvidada. El confinamiento no tiene por qué ser una prisión, puede ser una oportunidad de profundizar en nuestras almas, de recuperar un tiempo perdido y unos placeres que creíamos olvidados, de abrazarnos entre las sábanas de la ternura y viajar hacia ese tiempo en que nuestra piel era un lienzo compartido.

Recuperemos el placer de una mesa servida con amor, la liturgia de un brindis mirándonos a los ojos, de esas caricias con los pies descalzos por debajo del mantel. Por mucho que la vida nos quiera imponer sus escenarios, nosotros podemos reescribir el libreto y hacer de la existencia una obra de arte. Nos va la vida en ello.

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