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"El lujo no es ver una final del Mundial sino sobrevivir tras comprar la entrada"

Mundial 2026: Francia - España, en imágenes.

Mundial 2026: Francia - España, en imágenes. / SHAWN THEW / EFE

Dicen que la entrada más barata para la final del Mundial cuesta 5.000 euros. He respirado hondo. Pensaba que incluía jugar la segunda parte. Con 5.000 euros, un barcelonés puede hacer auténticas locuras: pagar varios meses de alquiler, llenar la nevera sin pedir un préstamo o poner gasolina tantas veces que el surtidor termine llamándole por su nombre.

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Pero no. Ahora el lujo no es ver el partido; el lujo es sobrevivir después de comprar la entrada. Y esto ya no pasa solo con el fútbol. Los conciertos, los festivales... Todo parece organizado por la misma gente que pone los precios en los aeropuertos. Dentro de poco, al comprar una entrada, no te pedirán el DNI, sino la declaración de la renta. Y en vez de asiento, te asignarán un gestor financiero.

Se nos ha ido tanto la cabeza que ya no presumimos de haber visto a Bruce Springsteen o una final del Mundial. Presumimos de haber salido del estadio con un riñón. El otro se quedó en taquilla.

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