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"La felicidad ya no se persigue como meta lejana sino como forma de vivir"

Algunos negocios y prácticas han proliferado en torno a la promoción de la felicidad como objetivo primordial en la vida.

Algunos negocios y prácticas han proliferado en torno a la promoción de la felicidad como objetivo primordial en la vida. / ShutterStock

¿Y por qué, cuando más feliz soy, es cuando más feliz soy? Hoy he sentido la necesidad profunda, casi imperial, de hacer un regalo. No un regalo por compromiso ni por ocasión, sino un gesto nacido del corazón, de esa alegría que rebosa y necesita compartirse. En otros momentos quizás habría sido para mi pareja, pero esta vez la vida no me ha dado esa oportunidad.

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Así que decidí regalar flores a la persona que más me quiere: mi madre. Qué felicidad tan pura, qué ilusión, qué alegría tan sencilla al responder a su inevitable pregunta: “¿Por qué?” Y que la única respuesta posible sea: “Mami, por suerte soy feliz, y verte feliz es la razón.” Porque todo acto de amor se multiplica cuando nace de la gratitud, cuando dar no es un sacrificio sino una extensión natural de la propia alegría.

Y en ese momento comprendí que compartir la felicidad no la divide, la duplica. Vivimos tiempos en los que la juventud -y las generaciones que vienen detrás- parecen haber comprendido algo esencial: que la felicidad no es un lujo ni un “además”, sino una prioridad. Buscan con valentía el equilibrio, la autenticidad, el bienestar emocional.

Ya no se persigue la felicidad como meta lejana sino como forma de vivir. Y quizás ese sea el mayor legado que podemos dejarles: entender que ser feliz también es un acto de amor, hacia uno mismo y hacia los demás.

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