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"La fe no elimina el dolor, pero le da un sentido que transforma la vida"

Rosalia, en la portada de su disco Lux.

Rosalia, en la portada de su disco Lux. / EPC

Màrius Folch

Nunca imaginé que el camino hacia la fe comenzaría precisamente cuando sentía que todo se desmoronaba. La muerte de mi padre dejó un silencio imposible de llenar y me obligó a hacerme preguntas para las que no encontraba respuesta. A ese dolor se sumaron mis propios errores, decisiones que me hicieron comprender que la vida también enseña a través de las caídas.

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Durante mucho tiempo busqué sentido en muchos lugares, hasta que, de una forma inesperada, las palabras de Rosalía despertaron en mí una sensibilidad distinta, una inquietud espiritual que me llevó a mirar más allá de lo evidente. Ese impulso terminó conduciéndome a Jesucristo. En Él encontré algo que nunca había experimentado: una paz que no dependía de las circunstancias, un amor que no exigía perfección y una esperanza capaz de atravesar incluso el duelo.

Comprendí que creer no significa tener todas las respuestas, sino aprender a confiar cuando no las hay. Hoy sé que mi padre, mis heridas, mis errores y cada paso de mi historia me condujeron, de una manera que entonces no entendía, hasta Dios. Y, aunque sigo aprendiendo cada día, he descubierto que la fe no elimina el dolor, pero sí le da un sentido que transforma la vida.

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