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"Exijo poder exigir mi derecho al respeto"

Una sala de cine en el Festival In-Edit Gijón.

Una sala de cine en el Festival In-Edit Gijón. / FESTIVAL IN-EDIT

Desde la aparición de los teléfonos móviles, estamos sufriendo una invasión constante de sonidos, brillos, bipidos e interrupciones en recintos en los que el silencio, el decoro y/o la oscuridad deberían estar garantizados. Hablo de teatros, cines, restaurantes, transporte público, y cualquier espacio común. Llamadas a grito pelado con el altavoz puesto en un restaurante (con paseo entre mesas incluido); vídeos de Youtube o Instagram a todo volumen en la mesa de al lado; niños jugando con tabletas con el sonido a toda potencia.

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Abuelos y abuelas en las salas de espera del hospital en videollamadas o tecleando el móvil con el sonido de las teclas al 100%; un hombre revisando Instagram durante la graduación de su hijo/a con el brillo a 'full' durante 45 minutos; jovenes en la sala de cine chequeando Whatsapp una y otra vez con la distracción que conlleva para con la gente de al lado y las filas de atrás; asistentes al teatro incapaces de apagar el teléfono durante una hora y media, que cuando no suena, se les ve la cara por la.iluminación de la pantalla...

Lo siento por adelantado, pero exijo poder exigir que callen, que lo apaguen, que salgan de la sala, que cumplan con las mínimas normas de educación y convivencia. Porque no todo vale. Y si alguien no es capaz de ponerse unos auriculares, o de aparcar el móvil un rato, que no vayan al restaurante, que no saquen entradas para el cine o el teatro...

Y a los responsables de esos recintos, debemos exigirles que velen por el cumplimiento de las normas. Hay carteles con avisos, se dan instrucciones antes de las sesiones y, al que no cumpla, que se le eche. Mientras, soy el pesado que echa dos miradas antes de llamar la atención, siempre con educación, pero yo ya no me callo.

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