España, un país de 'milagros Marianos'

Mario Martín

Mario Martín

España bate récords de deuda pública, de desempleo, de desigualdad, también, por supuesto, de corrupción, en línea con nuestra tradicional simpatía por la pillería, los rinconetes y cortadillos, los golfos y los granujas, sean con melenas contenidas a base de 'gomina', con los rizos al viento, o en exhibiciones de alopecia, de cuyos nombres no nos olvidamos a pesar de ser conocidos como 'ese señor del que usted me habla' ¡Viva la ironía!

Nuestra tradicional simpatía no se arredra ni a consecuencia de los insistentes mensajes sobre que nuestras pensiones se reducirán, al menos un 35%, en los próximos años. Pero todo sea por ser sensatos y hacernos cargo del dispendio del que hemos pecado años atrás, a base de ladrillo, cemento y descontrol financiero, pero nuestra ascendencia latina siempre gustó de orgías y aquella fue de órdago, sin ironía.

Claro que después de cualquier carnaval, llega la cuaresma, y ningún personaje tan apropiado como el enlutado registrador de la propiedad, para aplicar aceite ricino a los demás y eliminar los excesos, mientras uno de sus ojos perdía de vista lo que sucedía en su propia casa.

En este país, a pesar de tener la menor dotación de jueces y fiscales por ciudadano de Europa, con menos de la mitad de la media, se presume de que quien la hace la paga, al menos aparentemente, y así, casi treinta meses después de confesarse Jordi Pujol como evasor fiscal, continua en su casa ¿atemorizado¿ ante todo el arsenal que la fiscalía podría presentar ante su señoría para abrirle causa judicial, sin que ello termine de ocurrir.

Las amenazas del 'ex molt honorable' sobre el árbol que podría derrumbase si se dejaba caer la rama, han resultado baladís, y ni los padres de la patria, como los 'jarrones chinos' que son, han tenido que mover un dedo para sujetar la rama; mientras 'tarjeteros black', 'Gürteles' y 'Púnicos' son sometidos a 'ejemplares' penas de banquillo, con la suficiente distancia de los condenados en instituciones penitenciarias, simples delincuentes comunes ellos, porque aquellos no precisan reinserción social, que si no es en España siempre podría ser en Bahamas o Panamá.

Alabado sea el caso de los EREs en Andalucía, por cuya obra y gracia, llegó hasta nosotros quien ha sido capaz de acabar con el sistema político de la alternancia en el Gobierno, sustituyéndolo, por el mucho más práctico, del partido único.

Quien estuvo a un tris de pasar a la historia como el primer presidente de Gobierno de España en no ser reelegido, desde la Transición, abstención 'podemita' mediante, opta ahora a situarse en segunda posición en el ranking de permanencia en La Moncloa tras San Isidoro, quien sigue obrando milagros, ahora no ya como presidente del país, pero sí desde el consejo asesor de 'El País'.

Europa está asombrada ante el milagro español, con un presidente de Gobierno reelegido con el apoyo expreso del principal partido de la oposición, a pesar de perder más de tres millones de votos y un tercio de sus escaños, reforma laboral y y 'ley mordaza' mediante. Pero todo ello forma parte de nuestros tradicionales 'milagros marianos', tan dados en nuestra 'piadosa' tierra, de nuestro gusto por los contrastes entre lo negro y lo blanco, tan bien representado en los aguafuertes pintados por Goya y de nuestra adición por el sarcasmo y de reírnos de nosotros mismos, desde Quevedo a Miguel Mihura, pasando por Álvaro de LaIglesia o Ramón Gómez de la Serna, a nuestros tiempos hasta parafrasear a Tip y Coll y decir que "¡la semana que viene hablaremos del Gobierno!" porque, suceda lo que suceda, siempre nos quedará la ironía.

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