"La magia de la Navidad también está en los pueblos"
Marina Solé Vilanova i la Geltrú
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El hemiciclo del Congreso de los Diputados. / EFE
Jordi Querol
Para titular esta carta he usado (en plural) un participio del verbo "encasillar" que se emplea como adjetivo para describir a alguien que ha sido limitado o clasificado a un grupo específico. A mí, que me encasillen como catalán, bajito, senior, apasionado, conversador, madrugador..., y otras muchísimas cosas no me molesta en absoluto, simplemente porque no son discutibles.
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En la actualidad, la vocación al encasillamiento es el pan de cada día. Por ejemplo, la mayoría de los encasillados de derechas de Barcelona Entre Todos sienten la necesidad biológica de encasillar a la persona que detestan, el enemigo, como un izquierdista furibundo. Pero este detalle no tiene la más mínima importancia porque queda aquí: en casa.
Lo que sí es preocupante es que este vicio se ha instalado en nuestro Parlamento, lugar de donde deberían salir nuevas leyes para poder vivir mejor. Mientras nuestros políticos continúen encasillados en la idea de que poseen la verdad absoluta, nuestro futuro jamás podrá avanzar. La democracia solo evoluciona a base de valores morales estructurados, básicamente, por ciudadanos y políticos inteligentes, no encasillados que, con el máximo respeto, saben escuchar al otro y les gusta dialogar.
Participaciones de loslectores
Marina Solé Vilanova i la Geltrú
Xavier Carbonell Sant Cugat del Vallès
Sergi Planella Estudiant 2n ESO de l’INS Puig Cargol. Sant Antoni de Calonge
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