"El secreto para recuperar Barcelona está en los barrios"

Dos mujeres con mascarilla juegan a las cartas en la calle, en el barrio del Eixample de Barcelona.

Dos mujeres con mascarilla juegan a las cartas en la calle, en el barrio del Eixample de Barcelona. / REUTERS / NACHO DOCE

Sergio Ignacio Armenio

Para saber cómo es Barcelona basta con ir a los barrios donde no hay ningún atractivo turístico. En la vida de los barrios se ve claramente lo que se mató en algunas zonas turísticas donde se desplazó a los vecinos en pos de un turismo voraz que devoró el comercio tradicional y las casas de familias de toda la vida para dar lugar a la paella para millonarios, los pisos turísticos y las tiendas de firma.

Además, la última Administración le hace imposible a la gente de los barrios acceder libremente al centro de la manera que se les antojase imponiendo un urbanismo táctico que aisló al comercio del centro, que necesita como el agua a los compradores foráneos. También al centro de la ciudad se le quitaron casi todos los atractivos típicos que puedan interesar al vecino de barrios colindantes, los sitios emblemáticos: colmados, tiendas de ropa, zapateros, chocolaterías, sombrererías. Todo fue desapareciendo dejando lugar al recreo turístico masificado. Hasta el mercado de La Boqueria dejó de ser un mercado para transformarse en un patio de comidas de tapas y de zumos a precios que le quitan el hambre a cualquiera, excepto a los turistas, claro. Hasta autobuses al Park Güell se pusieron. Ahora se ve que ese modelo de ciudad escaparate, ciudad de convenciones, ciudad de ocio nocturno, es justamente lo que la está matando.

Volver a lo simple, a los barrios, a los bares de amigos, a que las familias puedan abrir una tienda y levantarla con esfuerzo, que los vecinos se saluden en las calles. Todo eso es aún posible. La transformación en un espacio de usos a conveniencia de los bolsillos no hacen que una ciudad viva, hacen que una ciudad sea solo para la gente de paso. Y sin gente de paso se ve que no hay ciudad. Volver a mirarnos y saludarnos por las calles, poder ir donde queramos como queramos, dar más libertad a las aperturas de comercios tradicionales, de comida, de ropa, de oficios. Ir a los barrios. Ese es el secreto. Esa es mi humilde opinión.

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