11 ago 2020

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"El representante de una religión debe ser edificante siempre y el cardenal Omella no lo ha sido"

Julián Arroyo Pomeda

Julián Arroyo Pomeda

Juan José Omella.

Juan José Omella. / EFE / QUIQUE GARCÍA

Enfrentamiento directo entre la Iglesia de Barcelona y la Generalitat ante la prohibición de celebrar una eucaristía en recuerdo de los fallecidos por coronavirus. La tensión es grave: la Iglesia no ha respetado la norma establecida. ¿Acabará en los tribunales? Resultará interesante ver cómo acaba el asunto.

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La Iglesia catalana ha lamentado las trabas impuestas para la celebración. Censura al Gobierno por permitir la asistencia de turistas a la Sagrada Família y no hacerlo con un acto religioso. Ha sido una acción "injusta y discriminatoria", señalan. También aluden al derecho a la libertad religiosa y a la libertad de culto conculcado.

Las autoridades catalanas no han asistido a la celebración. El cardenal ha sido tajante: no hay que "perder el tiempo en discusiones inútiles", buscando culpables o aumentando la división, sino para "evitar más sufrimientos".

Queda plantear si el cardenal debe cumplir las órdenes, como todo el mundo, o tiene derecho a que se apliquen excepciones para los actos religiosos. ¿Aquí ya no sirven las normas establecidas? ¿No hay riesgos de un posible contagio? ¿Es esto un acto de desobediencia civil?

Se trata de una infracción pública ante un mandato legal de forma no violenta, pero no para conseguir su anulación por no ajustarse al marco político del que emana su legitimidad. No es desobediencia civil, no exageremos. No se intenta provocar ningún incidente, ni cuestionar políticamente al Gobierno.

Torra ha ordenado abrir expediente sancionador al Arzobispado. Los lectores de periódicos señalan que otros miembros de la Generalitat también desobedecieron al Estado. No es justificación. Según Kant, la religión debía encontrarse siempre dentro de los límites de la mera razón. La actuación de Omella no es un progreso hacia la mejor convivencia, que siempre es posible. El representante de una religión debe ser edificante siempre y el cardenal Omella no lo ha sido, ni siquiera con su sentida homilía.

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