06 jun 2020

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El (no)poder del lila: más empatía social y judicial y menos pulseras

Jana Mir Freixas

Una joven sostiene una pancarta contra la violencia machista.

Una joven sostiene una pancarta contra la violencia machista. / MIGUEL LORENZO

Es ya un hecho evidente que las agresiones sexuales son el foco de todos los medios. Políticos, asociaciones, famosos, reivindican constantemente que se acabe con esta barbarie para las mujeres inmediatamente. 

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Y ante todo este revuelo mediático, como si de una nueva película de superheroínas se tratara, la pulsera lila con superpoderes ha venido a salvarnos. El gobierno, los ayuntamientos, las asociaciones, etcétera, proponen campañas para quitar el miedo a denunciar las agresiones sexuales acompañadas de una pulsera lila, con diferentes mensajes según el pueblo, con la intención de concienciar a las mujeres de que... Veréis, esta es la parte que no me queda clara:

¿Que van a ser agredidas en un momento de su vida y que por tanto es importante estar informadas?

¿Que la pulsera lila, aunque no te guste el color, te va a proteger ante una situación de este calibre?

¿Que como mujer vas a ser tratada siempre como víctima, porque tu palabra no tiene suficientemente fuerza?

¿Que denunciar es fácil, pero el proceso judicial que viene después es tremendamente desastroso?

Me pregunto pues, cuál es el objetivo de concienciación al cual se quiere llegar con todo esto.

Hay que vigilar con las campañas fuertes y con los revuelos mediáticos, porque a veces van más en contra que a favor. Una lucha lila intensa sin sentido también silencia a todas las mujeres sin querer. 

Por favor, ¡más empatía social y judicial y menos pulseras lilas!

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