18 sep 2020

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El lenguaje inclusivo y el machismo interiorizado

Maria Olga Santisteban Otegui

Marcha del 8-M en Uruguay.

Marcha del 8-M en Uruguay. / AP

Recientemente he tenido la oportunidad de leer un artículo escrito por una reconocida filóloga y lingüista mexicana (cuyo nombre obviaré por razones que quizá las o los que me lean entiendan). En dicho artículo, nos señalaba la ilustre lingüista que la gramática no tiene sexo, y que no es incluyente ni excluyente.

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Se refería, entre otras cosas, a la reciente "moda", según ella, de desdoblar en masculino y en femenino algunas palabras, o utilizar 'tod@a's o 'todos', o cómo separar entre lenguaje sexista o inclusivo. Aducía como argumento  que había sido promovida desde instituciones de gobierno u otras asociaciones de igualdad de género.

Ciertamente, y de un tiempo a este parte, igual se ha abusado del llamado lenguaje inclusivo, e igual es que estamos gastando energiías inútilmente, como nos señala nuestra lingüista de cabecera, y resulte igual de agotador cómo parece molestar a muchos o muchas esto de estar siempre un poco atento en lo que se refiere al lenguaje inclusivo (véase, por ejemplo, el déficit de académicas de la RAE).

En la humilde opinión de esta que les escribe, y desde el respeto que me merecen unos argumentos tan bien fundamentados y máxime, primero, por su condición de mujer, les diré que la igualdad hay que conseguirla desde todos los ángulos, que hay miles de expresiones y 'movidas' machistas que tenemos interiorizadas y que asumimos como normales. Y que, desde luego, creo que no lo son.

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