04 jul 2020

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El hábito no hace al monje

Maribel Fernández Cárcel

A veces oigo a algunas personas catalogar a otras, equivocadamente, porque van mal vestidas o porque viven en un barrio de la periferia de Barcelona. Depende de dónde vivas o vistas, así te juzgará la mayoría de la sociedad, porque para hacer creer a la gente que eres buena persona y a la vez todo un señor, tienes que vestir traje y corbata, y si puede ser, vivir en la parte alta de Barcelona o en alguna calle que ha ganado el prestigio gracias a aquellos ‘nuevos ricos de la democracia’ que la habita: Muntaner, Balmes, paseo de Gràcia… Y es de cara a la galería, eso es lo que te hace parecer una auténtica persona, un ejemplo a seguir.

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Cuando se dice de alguien que viene “de buena familia", siempre se da a entender que tiene dinero, porque este es el que mueve el motor de esta sociedad

Jamás se te ocurra decir, según con quién te relaciones, que vives en L’Hospitalet, Badalona, Cornellà o Santa Coloma, por poner algún ejemplo, porque las personas que están a tu alrededor, te mirarán, como a un bicho raro. En estas poblaciones, según las malas lenguas, supuestamente, se roba  y se hace de todo menos trabajar. Con solo esta referencia es suficiente para que la gente desconfíe  y te diga “¿allí vives? ¡Qué miedo!”. Y si además no vas vestida ‘adecuadamente’, peor, porque te entierran de por vida. Aquí la cuestión es aparentar que eres un señor y vivir en un piso en lo que ellos consideran “una buena zona”. Vamos, como si en la parte alta o en cualquier otra parte "adinerada" de Barcelona esto no pasara.

Pensemos por un momento en quiénes son las personas que habitan en esas zonas en las que las calles amanecen cada día limpias como una patena y con presencia policial. Pues muy fácil, supuestamente son banqueros,  grandes industriales y empresarios, políticos… Todas esas personas que, de una forma u otra, manejan los hilos de nuestra vida en todos los ámbitos.

Ellos tienen el peso del poder en sus manos y, como tal, hacen lo que quieren con nosotros. Y, claro, como son unos señores -visten con traje y corbata- se lo perdonamos, pero pobre de aquel que vista chándal y le robe el monedero a alguna señora, porque ya lo catalogarán como lo peor de esta sociedad. Dirán que es una escoria, porque sus pintas así lo definen.

Yo no quiero justificar, que robar un monedero no tenga importancia, claro que la tiene, pero ¿nos hemos parado a pensar que cuando se comenten estos pequeños hurtos son noticia de última hora y aparecen en todos los periódicos, radios y cadenas de televisión del país, y en cambio, cuando se roban millones y millones de euros con una simple firma o fraude no pasa nada y parece de lo más normal?  

Aunque lo peor de todo esto es que nos quejamos y no hacemos nada por solucionarlo. ¡Qué más da! Total, un monedero, a la hora de la verdad, no es nada. En cambio, los millones de euros presuntamente robados, eso es otra historia.

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