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El estado de la lengua catalana y la ingenuidad

Rafael Soriano

Mataró

El patio de una escuela de Barcelona.

El patio de una escuela de Barcelona. / ALBERT BERTRAN

No hay unanimidad entre lingüistas, expertos y colectivos diversos sobre el estado de salud de la lengua catalana. El catalán es ahora una lengua de prestigio y la lengua vehicular en educación, la administración y los medios de comunicación públicos catalanes. ¿Es suficiente esto para dictaminar que goza de buena salud? Depende de lo que se entienda por buena salud: si se entiende que todos los catalanes ahora tengan acceso al conocimiento de la misma y posibilidad y libertad de uso, la salud es buena; si desde algunas personas o colectivos lo que se pretende es que sea la lengua común de uso en todos los contextos, sus expectativas difícilmente se cumplirán.

No se puede negar la realidad, que no es otra que ahora Catalunya tiene dos lenguas propias con millones de hablantes habituales ambas, a pesar de que para algunos la presencia del castellano sea consecuencia de un hecho coyuntural como la emigración de otras partes de España y que debería retornar la normalidad que para ellos no es otra que una sustitución progresiva del castellano por el catalán como lengua propia y de uso. 

Es una ingenuidad pensar eso y llevará a una frustración perpetua. Los mismos argumentos que llevaron a la pervivencia del catalán frente a prohibiciones y normativas sirven para prever que el castellano no va a desaparecer del uso común con tantos millones de hablantes en Catalunya. La excesiva delimitación de áreas oficiales donde el castellano no tiene presencia hace que los castellanoparlantes lo usen donde pueden hacerlo (en el día a día y actos cotidianos). El ejemplo tan mencionado de los patios de los colegios es el mejor ejemplo.

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