"El destierro de la Ética en la ley Celaá"

 Pleno del congreso de los Diputados , en la imagen Isabel Celaá después de la votación de la ley de Educación.

 Pleno del congreso de los Diputados , en la imagen Isabel Celaá después de la votación de la ley de Educación. / DAVID CASTRO

Eva Navarro

Hace escasos días constaté con estupor como en la Ley Celaá se desterraba la asignatura de Ética del sistema educativo. No solo indigna que en la ESO los alumnos puedan graduarse sin conocer ni de lejos las principales teorías éticas, conceptos fundamentales como el bien, la verdad, la justicia y ese pensamiento crítico, imprescindible como seres humanos y futuros ciudadanos comprometidos; lo que causa sonrojo son dos hechos: en primer lugar, incumplir vergonzosamente el acuerdo ya pactado con el gobierno de que sí que se incluiría dicha asignatura por su importancia para la formación íntegra del alumnado (como defienden muchos organismos internacionales, pero España no, claro). En segundo lugar, alegar por el gobierno como “argumento” ante dicha fechoría “que no hay sitio para la Ética”, que los alumnos tienen ya muchas asignaturas y esa materia sobra, por lo visto. Tratan a la Ética como un trasto viejo e inútil que sobra en el sistema educativo y no saben dónde colocarlo. 

Con el desprecio reiterado que manifiesta este gobierno hacia la Filosofía (no es la primera vez que intentan desterrarla de la educación) están continuando con la misma consigna de la Ley Wert: hacer de la Filosofía algo anecdótico en nuestro sistema educativo. Para justificar que algo de “Ética” se va a dar, para cumplir el expediente, y ser políticamente correctos, se han inventado una asignatura llamada “Valores Cívicos” que no saben ni en qué curso de la ESO colocar, pues no es más que un fleco, una hora semanal, en la que los alumnos repetirán el mantra de las leyes constitucionales y ahora, parece ser, se les prepará también para que sean inspectores de hacienda, ya que se les enseñará a los alumnos la diversidad de tributos e impuestos y su importancia. Es surrealista.

Para cualquier persona versada en la materia es evidente que esa fantochada no tiene nada que ver con la Ética, que a este gobierno la Filosofía le importa muy poco. Será que no interesa tener a ciudadanos críticos que piensen por sí mismos y que descubran que los partidos políticos no suelen cumplir sus promesas.

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