11 ago 2020

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El cuarto pilar

Julen Lizaso

Fachada del Tribunal Supremo

Fachada del Tribunal Supremo / JOSE LUIS ROCA

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Tras la sentencia del Supremo, vemos una vez más que la trama financiera siempre gana. De 77.000 millones prestados en 2013, ya no devuelven 60.613, y ahora otros 16.000 millones hipotecarios.

Al gobierno le cabe la deshonra de ocultar la pobreza derivada de estos desmanes y a los políticos por su desidia, al provocar ese déficit en el primer pilar institucional que es la democracia económica. También por posibilitar lo que vemos. Está pasando con el segundo pilar, como son las altas instancias judiciales, al ser incapaz de desmontar un estamento tan politizado.

Siendo aceptable el tercero, el político, en el primero y principal, se siguen dando los mayores índices de incremento de la desigualdad. La pobreza en España alcanza cada vez más, incluso a quien trabaja sin haber cambiado hábitos de vida y consumo. En el ránking europeo estamos primeros con el 15%, lejos de Grecia (8%) y en el mundial el séptimo lugar, estando la media de la OCDE en el puesto 22 con un 8,2% de trabajadores pobres.

Es lo más grave. Lo hace posible la voracidad patronal y los recortes devenidos de la reforma laboral. Lo agudiza, la privatización de servicios públicos, a favor de empresas privadas con desmesurado ánimo de lucro, al rebajar la calidad laboral, con el consiguiente encarecimiento, pérdida de calidad asistencial y falta de asequibilidad de ese servicio, para las clases mas necesitadas.

Un ámbito donde el problema es de filosofía política o más bien de “geometría” democrática, precisa utopías factibles; nuevas fórmulas aún sin explorar. Una democracia mixta, dotaría de contenido a un parlamento, con temas que de verdad interesa a la ciudadanía para su día a día. Descubrir la riqueza de conjugar el saber de la experiencia, con la valoración de ideas de todo el arco político que ocuparían sus escaños, junto a esos consejeros proponentes en exclusiva de un guión parlamentario “respirado” de la intemperie social.

Doce “ancianos”, a modo de embajadores de ese trazo de voz silenciada a ese sector social indignado por su precarización creciente. Pobreza económica y dolor anímico, a consecuencia de desmanes políticos y judiciales, dándose más a ser importantes que útiles al bien común. Ni les representan en el día a día... ni les emocionan para cada cuatro años.

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