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"Detrás de los efectos secundarios de una medicación hay personas reales que los padecemos"

Estos son los tratamientos usados para los estadios más avanzados de Parkinson.

Estos son los tratamientos usados para los estadios más avanzados de Parkinson. / Adobe Stock.

A los 21 años me diagnosticaron párkinson de inicio temprano. Este agosto cumplo 35. Desde entonces tomo medicación; llevo casi 14 años tomando, principalmente, agonistas dopaminérgicos. Acabo de atravesar un episodio intenso de efectos secundarios psíquicos y conductuales. Ahora, al menos, soy capaz de reconocerlos. Antes no. Y quizá ahí esté parte del problema: durante años he convivido con algunas de sus consecuencias sin saber que podían estar relacionadas con la medicación, porque de estos efectos apenas se habla.

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Entonces me planteo: ¿cómo podemos hablar de un buen acompañamiento al paciente si ignoramos cierta información? Un domingo cualquiera me levanto a las 5.30 horas. A las seis empiezo una manualidad y no paro hasta las cuatro de la tarde. Diez horas de hiperfoco. Al terminar, el único trabajo útil son los 30 minutos que tardo en recoger el caos. La manualidad y buena parte del material acaban en la basura.

Volver al planeta Tierra después de diez horas así da miedo, y más cuando no sabes a quién acudir. Una consulta cada seis meses, de unos 20 minutos, difícilmente permite saber cómo está una persona, qué efectos está sufriendo o si la dosis sigue siendo la adecuada. Mi neuróloga trabaja en un gran hospital de Barcelona, referente en investigación. Me fue asignada a finales de 2025. En nuestra primera consulta apareció al final para cambiarme la medicación. La segunda ni siquiera se produjo: tras un correo mío, me prescribió otro fármaco en la receta electrónica sin verme, explorarme ni hablar conmigo, y una enfermera me comunicó la decisión por teléfono.

Y me pregunto: ¿dónde está realmente el foco, en el paciente o en la farmacéutica? No cuestiono la investigación ni a toda la neurología. Cuestiono un sistema que permite tratar una enfermedad crónica y compleja con tan poco tiempo, seguimiento y escucha. Detrás de cada porcentaje de efectos secundarios hay personas reales que los padecemos.

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