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Un deudor en la Casa Blanca

EFE / TANNEN MAURY

Donald Trump, en un mitin, el martes 13 de diceimbre de 2016, en West Allis (Wisconsin).

Mario Martín LucasSalardú

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Jueves, 29 de diciembre del 2016 - 08:30 h

Donald Trump representa uno de los rasgos del hombre de hoy: deber mucho dinero. Es un deudor, una palabra que ha convertido a una gran parte de ciudadanos del mundo en las víctimas de la crisis que padecemos.

Los verdaderos ricos, en estas primeras décadas del siglo XXI, son los que amasan dinero en efectivo, sin deudas ni condicionantes vinculados a futuros o derivados financieros, residan en China, Rusia, algún país árabe o un pequeño municipio de nuestra Galicia.

Querido lector, hágase una pregunta: ¿a cuánto asciende su patrimonio, lo que se conoce como su riqueza? Para ello bastará con que reste el valor de sus deudas de los valores de sus activos de cualquier tipo (inmobiliario, financiero, mobiliario, maquinaria, utillaje, vehículos, etc.) pero ya se sabe que el valor real de las cosas es el que se paga por ellas, con la notable incidencia que tiene en ello el momento: las prisas, la urgencia, etc. Sí, es cierto, ese cálculo da cierto escalofrío, le comprendo, amigo.

El nuevo inquilino de la Casa Blanca a partir de enero de 2017, Donald Trump, a cuyo nombre, al ser pronunciado, se le asigna el adjetivo de magnate, llega sin embargo a la presidencia del país (aún) más poderoso del mundo, siendo deudor de una cantidad situada entre los 1.000 y los 2.000 millones de dólares.

¿Qué pretende Donald Trump para conseguir convertirse en el cuadragésimo quinto presidente de los Estados Unidos, sustituyendo al primer presidente negro de la primera potencia mundial, que hizo suya la famosa frase del "Yes, we can" y que parece haberla sustituido por "Me, and mine, can we?"; ser más rico o ser menos deudor?

Uno de los principales acreedores de Donald Trump es, curiosamente, el Banco de China, y casi 950 millones de dólares tienen que ver con préstamos sobre su principal joya de la corona, la ‘Trump Tower’, en pleno Manhattan.

Contra todo ello, Mr. Trump alardea de un patrimonio de 3.700 millones de dólares, con activos valorados por él subjetivamente, que aún siendo cierto, solo le situarían en la posición 121º de entre las 400 personas más ricas de los Estados Unidos.

Pero lo que es evidente, sobre todo a la vista del perfil vinculado a intereses empresariales de todos quienes ocuparán los puestos de confianza de los que se está rodeando en su equipo cercano, es que cuando abandone la Casa Blanca será menos deudor de lo que ahora es, porque el pago de su deuda no solo correrá a cargo de sus conciudadanos, sino de todos los que componemos la aldea global que él gobernará a pesar de haber obtenido tres millones de votos menos que su contrincante política.

La Casa Blanca ha pasado de ser habitada por la primera persona de raza negra de la historia a ser ocupada por el más grande titular de deudas de quienes nunca accedieron a esa responsabilidad, es lo que toca: para administrar época de crisis, un deudor.

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