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"Defender la pluralidad lingüística no es dividir España"

Clases de catalán en la escuela de adultos La Troca de Sants, en Barcelona, este mes de julio.

Clases de catalán en la escuela de adultos La Troca de Sants, en Barcelona, este mes de julio. / Manu Mitru

Acabo de compartir una semana de viaje con un grupo de catalanes y vuelvo con una sensación sencilla: qué riqueza tan enorme es vivir en un país donde no todo se dice de la misma manera. Durante estos días escuché conversaciones en catalán, bromas que llegaban antes por la música que por el significado, palabras que no necesitaba entender del todo para sentir cercanas.

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A veces hablamos de las lenguas como si fueran fronteras. Pero una lengua también es una casa. Una forma de nombrar la infancia, la comida, el enfado, el amor. Aprender una lengua no es solo aprender vocabulario: es aceptar que hay otras maneras de mirar el mundo. Por eso me pregunto por qué no se enseñan, aunque sea de forma optativa, las lenguas cooficiales en todo el territorio. No para imponer nada, sino para abrir puertas.

Un estudiante de Madrid debería poder acercarse al catalán, al gallego o al euskera no como quien estudia algo ajeno, sino como quien descubre una parte del país que también le pertenece. Defender la pluralidad lingüística no es dividir España; es tomársela en serio. Porque apreciar una lengua es apreciar una cultura, y apreciar una cultura es reconocer que lo común no tiene por qué ser uniforme.

Después de este viaje pienso que quizá entendernos empieza por algo más humilde que estar de acuerdo: escuchar cómo habla el otro sin pedirle que deje de ser quien es.

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