"La decadencia en tiempos de pandemia: negacionismo, 'fake news' e individualismo"

Manifestación de negacionistas en Madrid, el pasado 16 de agosto.

Manifestación de negacionistas en Madrid, el pasado 16 de agosto. / Efe / Fernando Alvarado

José Manuel Fernández-Arroyo Castellano

La ignorancia es endémica en el ser humano desde su existencia. Y en esta era no es un problema de acceso a la información sino todo lo contrario. Existe un exceso de información (infoxicación). La información engañosa o directamente falsa ('fake news') que transmiten determinados grupos de poder político y mediático, maneja a su antojo a ciertas masas que siguen sus preceptos sin cuestionarlos e ignorando cualquier rigor científico antropológico o de sentido común.

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De toda esta vorágine de la desinformación han surgido los llamados 'negacionistas', que lo mismo aseveran que la tierra es plana o que el fin de las vacunas es implantarnos un microchip para controlar nuestras vidas y capacidad de decisión. Negar la circunferencia terrestre, o el cambio climático, o la pandemia o la eficacia de las vacunas se ha convertido en el deporte nacional (e internacional) de unos cuantos al albor de los divulgadores de consignas simples y directamente destructivas a través de sus plataformas.

En la Edad Media, cuando la Santa Inquisición se implantó en el territorio hoy llamado España, las masas fueron convencidas de que el demonio amenazaba la fe cristiana, y se inició una caza de brujas, de incrédulos y demás herejes, a quienes encarcelaban en condiciones infrahumanas o directamente aniquilaban. Y esto también ocurrió en Catalunya, y en la propia ciudad de Barcelona, y no, no la ejercían foráneos ni colonos, sino autóctonos catalanes. Sin olvidarnos de la práctica esclavista de la época.

Hoy, en pleno siglo XXI se repite la historia, en un contexto diferente, evidentemente. En lugar de recurrir a deidades el recurso es más mundano. Basta con recordar las recientes imágenes del asalto al Capitolio en Washington para comprender la decadencia de la humanidad a niveles realmente preocupantes. Y todo esto se produce en plena pandemia global, lo cual refleja el individualismo generalizado que se impone sin remedio y la absoluta falta de empatía entre semejantes.

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