""Deberíamos reconocer el talento y la formación de los jóvenes y regenerar el valor de la experiencia de los veteranos"

Edificio de oficinas en Barcelona

Edificio de oficinas en Barcelona / Dylan Nolte (Unsplash)

Patricia Sánchez

La desescalada ha tenido ocupadas a las organizaciones hasta ahora intentando adaptar el lugar de trabajo al contexto social. Un proceso complejo que va más allá de las aptitudes laborales del individuo, ya que implica adaptarse no solo a “la nueva normalidad”, si no también a la diversidad generacional.

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Nos encontramos con plantillas corporativas modeladas por entornos completamente diferentes: la guerra, el terrorismo, el 'boom' económico, el éxito de las TIC o la reciente pandemia. Nuestros abuelos mejoraron el mundo y educaron a nuestros padres para que así lo hicieran; en cambio, los 'millennials' se encuentran en un paradigma donde la estabilidad brilla por su ausencia.

Las diferencias generacionales empiezan a ser un fenómeno real, y lo más grave es que algunos responsables siguen sin percibirlo, por lo que aún se observan discriminaciones a los 'seniors' por falta de experiencia en nuevas tecnologías y discriminaciones a los más jóvenes por falta de experiencia. Un correcto crecimiento sostenible socioeconómico en el siglo XXI debería reconocer el talento y la formación de los jóvenes, regenerar el valor de la experiencia y el reconocimiento de los veteranos, aprovechar las fortalezas de cada generación dentro del área de negocio, facilitar la transferencia de conocimiento entre generaciones, impulsar carreras profesionales de valor hasta la jubilación y por último potenciar la empleabilidad de los 'seniors' a través de formación continua. La estrategia laboral inclusiva no es una opción sino un deber.

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