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"Poder y deber"

Una imagen del hemiciclo del Congreso.

Una imagen del hemiciclo del Congreso. / Rodrigo Jimenez

Al leer la 'Política' de Aristóteles, me estremeció la frase: “El que gobierna para sí mismo se convierte en tirano”. Siglos después, sus palabras parecen describir con dolorosa precisión en la España de hoy.

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La clase política, atrapada en juegos de poder, pactos opacos y vanidad, ha convertido el servicio público en un espectáculo donde la apariencia pesa más que la acción. La política mediática y la fragmentación institucional relegan al ciudadano al papel de espectador silencioso, cómplice involuntario de un sistema que devora su voz. ¿Hasta cuándo permitiremos que quienes deberían custodiar el bien común actúen como dueños invisibles de nuestra sociedad?

Cada promesa rota y cada interés particular impuesto al bienestar colectivo confirman la vigencia de Aristóteles: el poder, cuando se ejerce para sí mismo, corrompe y erosiona la democracia. Pero la responsabilidad no recae solo en quienes gobiernan; también la sociedad calla, se acomoda y prefiere el espectáculo a la exigencia de integridad.

Gobernar exige visión, justicia y compromiso compartido. Solo despertando, reclamando nuestra voz y rechazando la pasividad, la 'polis'p podrá recuperar su esencia: un espacio donde nadie sea mero espectador de su destino.

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