02 dic 2020

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La dimisión de Rivera, la crónica de una muerte anunciada

Carlos Monje

Inés Arrimadas, atenta al discurso de Albert Rivera.

Inés Arrimadas, atenta al discurso de Albert Rivera. / EFE/MARISCAL

Hace ya algunos meses escribí una carta abierta a Albert Rivera en EL PERIÓDICO en la que expresaba mi desilusión con el proyecto de Ciudadanos. Esta debacle se veía venir desde que hacía meses, cuando habiendo obtenido unos resultados excepcionales en las elecciones de abril, no tomó el camino que tenía sentido de Estado. Creo que tenía dos posibilidades:

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La primera, dejar formar gobierno y junto al PSOE buscar una solución para Catalunya. Una solución en la que habría que ceder en algunos aspectos, pero con mejor posición que la que tenían los partidos independentistas. ERC, a su vez, estaba moderando el discurso. Además, una solución en la que quedaba representada una parte de la sociedad catalana desde un partido nacido en Catalunya. Esa parte que se sentía cohibida ante la deriva nacionalista de la última década. Además, podía conseguir cumplir parte de su programa electoral.

La segunda, llegar a este punto en el que los votos se le iban a marchar hacia los que aún son más incendiarios que él. Capaces de generar un discurso más duro, anticatalán y anti todos los avances sociales y democráticos. Esos votos de personas que desconocen la realidad catalana y están convencidos de que no hay solución. Otros votos se han ido hacia la izquierda, recordando los orígenes de Ciudadanos, que era una bisagra de centro, y concretamente en Catalunya tienen discursos más moderados. Una cosa es que te quejes en tu casa y otra que vengan a imponerse sin saber tu realidad.

En fin, me entristece, porque habiendo tenido una posibilidad de mejorar las cosas, se perdió el sentido común y ahora estamos peor que ayer.

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