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"Los cromos son la excusa, Sant Antoni es lo importante"
Barcelona (Barcelonès) 27/05/2018 Sociedad Primer dia del mercado dominical de libros, cromos, postales y diferentes objetos de coleccionismo en los alrededores del Mercat de Sant Antoni, tras las obras de restauración. FOTO DANNY CAMINAL / DANNY CAMINAL / Bcn
Víctor Andrada
He leído con interés el artículo publicado en EL PERIÓDICO sobre el mercado negro alrededor de los cromos del Mundial en Sant Antoni. Y aunque para muchos pueda parecer un asunto menor -al fin y al cabo, hablamos de cromos y no de diamantes-, precisamente ahí reside parte del problema. Crecí visitando el mercado dominical de Sant Antoni junto a mi padre y mi tío.
Entretodos
Recuerdo aquellos domingos como una pequeña expedición: avanzar entre la multitud, aferrarse a la mano de un adulto para no perderse y sentir que detrás de cada carpeta podía esconderse un tesoro. Era un lugar donde se intercambiaban cromos, sí, pero también conversaciones, conocimientos y una forma muy barcelonesa de entender la vida de barrio.
Es cierto que el mercado ya no tiene la misma magia de hace 20 años. La remodelación, internet y las plataformas de compraventa han transformado muchas costumbres. Pero sigue siendo uno de los rincones más especiales de la ciudad, un espacio que ha sobrevivido a modas, crisis y cambios generacionales. Precisamente por eso merece algo más que nostalgia: merece protección.
Porque el mercado negro no es una anécdota pintoresca ni una travesura inofensiva. Cuando alguien vende sin control ni obligaciones mientras otros comerciantes pagan tasas, licencias e impuestos, la competición deja de ser justa. Es como organizar un maratón donde algunos corredores salen varios kilómetros por delante y luego nos sorprende que ganen.
Resulta curioso que nos indignemos cuando desaparecen los comercios tradicionales y, al mismo tiempo, normalicemos prácticas que contribuyen a debilitarlos. Si queremos conservar la esencia de Sant Antoni, no basta con hacerse fotos delante del mercado o recordar tiempos mejores. También hay que defender a quienes siguen levantando la persiana cada semana dentro de la legalidad.
Porque los tesoros de una ciudad no desaparecen de golpe. Primero pierden espacio, después apoyo y, cuando nos damos cuenta, ya solo sobreviven en los recuerdos.
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