"Se critica el lenguaje inclusivo, pero frenar el cambio es inútil"

"Se critica el lenguaje inclusivo, pero frenar el cambio es inútil"
Darío Fernández Graziano

Darío Fernández Graziano

¿'Portavoza'? ¿'Todes'? El lenguaje está cambiando siempre y, guste más o menos, se trata de una realidad imparable. Y lo normal es que esto genere controversia, tal y como ha ocurrido en otros momentos de la historia. Cuando los autores castellanos abandonaron el latín para escribir en lenguas romances y permitir que el pueblo llano pudiese leer sus obras, el clero y la aristocracia también se opusieron. Hoy son esa misma Iglesia (o entornos vinculados con ella) y algunos caballeros de la RAE los que se niegan a aceptar el cambio latente.

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Sujeto a una mirada inquisitiva de los medios más conservadores y las élites más puristas está cualquier desliz en cuestiones de género. Y, si cuando Mariano Rajoy confundía al alcalde con los vecinos eso no abría telediarios, sorprende que ahora, cuando se le otorga el género femenino a una palabra que no lo tenía o se propone una nueva denominación inclusiva, parezca que es el fin del mundo y que haya que lanzarse a criticarlo como si estuviéramos matando el castellano.

El mundo está cambiando hacia una sociedad más igualitaria, y con ello el lenguaje también abandonará la impronta del patriarcado que lo caracteriza. Intentar frenar el cambio es inútil, aceptémoslo y seamos el pueblo, como siempre hemos sido, los que dominemos el cambio.

Y es que, por lo general, quien trata de evitar que cambie el lenguaje lo hace porque sabe que nuestra voz, que la palabra, es la primera herramienta para cambiar el mundo.

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