"¿Diversión o problema?"
Frank Fernandez Sant Feliu de Guíxols
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Araujo se marcha al vestuario tras ser expulsado en Stamford Bridge. / Afp7
Juan Pablo Rojas
El fútbol, la polémica y el 'hate' siempre han ido de la mano, pero las redes sociales han convertido esa pasión en una cacería inhumana. Un penalti fallado, un mal partido o una decisión polémica bastan para desatar una oleada de odio en redes sociales contra los jugadores y sus familias. La crítica forma parte del deporte rey, pero el insulto, el acoso y la deshumanización se han convertido en una rutina que pocos clubes y organismos afrontan con claridad.
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En los últimos días hemos conocido el caso de Ronald Araujo, que ha pedido al FC Barcelona un tiempo indefinido para cuidar su salud mental, tras varias semanas de enorme presión y de su expulsión en Stamford Bridge. Más allá de cualquier debate táctico, su situación recuerda que detrás de cada error hay una persona sometida a un escrutinio constante, amplificado por miles de mensajes anónimos que convierten la crítica deportiva en ataque personal.
Araujo no es una excepción: ayer fue Morata, mañana será otro. Si el fútbol acepta este clima como “normal”, el mensaje a los más jóvenes es que un fallo justifica el linchamiento. Ligas, clubs, aficiones y plataformas digitales deberían marcar un límite claro: el gol se discute, la dignidad de quien lo falla se respeta.
Participaciones de loslectores
Frank Fernandez Sant Feliu de Guíxols
César Carulla SABADELL
Luis Fernando Crespo Zorita Las Rozas de Madrid
Sebastián Romero Vilanova del Camí
Màrius Pla Carrera Barcelona
Sergio Gomez Barcelona
Roser Caño Valls Sta. Coloma De Gramenet
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