01 jun 2020

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Tener una discapacidad física en tiempos de coronavirus

Andrés Hinarejos Montano

Una silla de ruedas.

Una silla de ruedas. / MIQUEL MONFORT

No suelo quejarme pero sí suelo denunciar cualquier maltrato que huele a marginación. Ya sé que en los tiempos que corren, con el covid-19, es un atrevimiento hablar de marginación; sin embargo, creo que si además de la pandemia que nos invade pasan episodios pintorescos como el que me ha pasado a mí esta mañana se han de explicar.

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Si una persona que  utiliza una silla de ruedas no solo ha de enfrentarse al coronavirus, sino también a situación esperpénticas como lo que me ha pasado hoy, mejor pasar hambre. Con respeto y un poco de miedo, hoy después de unos días he ido comprar  al supermercado que tengo más cerca de casa. Todo normal, pasillo para arriba, pasillo para abajo. Cuando tengo la compra hecha paso todos los productos por la caja, pago con tarjeta y mi sorpresa es que cuando ya tengo todos los productos embolsados la cajera me dice que debo firmar. Yo no puedo firmar y nunca firmo porque no puedo. Me dice que firme mi ayudante y él responde qeu no tiene porqué firmar.

"¿Pero si llevo viniendo aquí años  y nunca me han hecho firmar", le respondo. "Si no me firma alguien la compra se queda aquí", me dice ella. Finalmente ha firmado mi acompañante y yo me he sentido ultrajado, insultado, porque además me habló de muy malas maneras, sin educación.

He hablado con la responsable y me ha tranquilizado diciéndome que el virus influye en el comportamiento, pero que comunicará a todo el personal de las cajas mi situación, que si  algún otro día me pasa algo parecido exija al que me atiende la presencia de un responsable.

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