04 jul 2020

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Cayetana Álvarez de Toledo fue a hacer daño con premeditación y alevosía

Jordi Querol

Jordi Querol

Cayetana Álvarez de Toledo, en el Congreso.

Cayetana Álvarez de Toledo, en el Congreso. / CHEMA MOYA / EFE

Los que con nuestros coches o motos circulamos asiduamente por la ciudad hemos podido comprobar que, en los momentos de mucho tráfico, cuando los nervios afloran debido a los fallos de algunos, el perjudicado, el que se siente agredido, a veces, de manera irreflexiva reacciona acordándose de la madre del infractor. Lamentablemente es una historia que todos conocemos.

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En general, lo de meter a algún miembro de la familia del supuesto infractor por en medio, responde a una sola cosa, las ganas de castigarlo duramente. Denigrando a los familiares que el infractor ama desde muy pequeño (sus padres) parece que se le hace mucho más daño. Ya he dicho que esto ocurre en momentos de mucha tensión y los protagonistas, muchas veces, no son amantes de los libros. Por eso, el otro día, en el Parlamento español, cuando oí a Cayetana Álvarez de Toledo actuando con premeditación y alevosía como un conductor enfurecido, refiriéndose al padre de Pablo Iglesias, sentí mucha vergüenza.

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