El eclipse de sol se asoma como una odisea vespertina donde la Luna decide ocultar el Sol justo al atardecer. Con el disco solar a solo cuatro grados del horizonte, encontrar el lugar de observación perfecto es como jugar al escondite contra las montañas y las traicioneras nubes del verano. Érase una vez un soñador hispano-suizo que, provisto de sus deslumbrantes telescopios, se lanzó a la caza del eclipse.
El reto no era moco de pavo: el Sol jugaba al escondite escondiéndose perezosamente tras los montañas y las nubes de la tarde, justo cuando el eclipse se ponía su mejor traje en forma de media luna. Armado con paciencia infinita, nuestro intrépido cazador decidió que "si el Sol no viene a ti, tú vas hacia el Sol". Así que bajaron desde suiza a Catalunya a lugares estratégicos, Castellet i la Gornal donde el cielo ofrece la mejor panorámica. Allí estará esperando el gran clímax vespertino, riéndose de las travesuras de la atmósfera y rogando que ningún cúmulo caprichoso arruinara la foto del siglo.