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Carta de un profesor: "Sin recursos, ni apoyo social, ni una inclusión bien dotada no hay equidad educativa"
Imagen tomada durante manifestación de la comunidad educativa, el 11 de febrero en Bracelona / Ferran Nadeu
Víctor Martín
Muchos de los análisis que se están publicando sobre la huelga educativa se quedan cortos. La movilización del profesorado no responde a un único motivo ni a una reivindicación puntual, sino a una acumulación de problemas estructurales que se arrastran desde hace años y que se agravan curso tras curso, con independencia del gobierno que esté al frente de la Conselleria.
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En las escuelas convivimos con dificultades de aprendizaje cada vez más complejas, con una falta evidente de recursos y con unas condiciones materiales que, en muchos casos, son claramente indignas. Centros que funcionan gracias al esfuerzo personal del profesorado y del personal de apoyo, más que por una apuesta real de la Administración.
Especialmente grave es la situación de la educación especial. La aplicación del decreto de inclusión en Catalunya se ha convertido, en la práctica, en una estafa cuyo objetivo principal es el ahorro económico. Alumnado con necesidades educativas muy elevadas es escolarizado en centros ordinarios sin los recursos profesionales adecuados.
Faltan fisioterapeutas, logopedas, personal de enfermería y monitores de apoyo… Estos alumnos reciben pocas horas de atención cuando necesitarían un acompañamiento constante. No es una cuestión ideológica, es una realidad diaria en las aulas. Y no es culpa de las familias ni de los niños, sino de un sistema que decide ahorrar donde no debería.
A todo ello se suma una burocratización creciente del trabajo docente. A más complejidad del alumnado, más informes, más reuniones y más coordinaciones con servicios externos y familias. Las horas no alcanzan. El debate no debería centrarse solo en salarios u horas trabajadas, sino en cómo se está configurando hoy la tarea docente y en qué se emplea realmente el tiempo de trabajo.
Además, la escuela se encuentra cada vez más sola. Se le exige que aborde todos los problemas sociales, educativos y personales del alumnado sin un acompañamiento real por parte de la sociedad. Falta un consenso colectivo que asuma que educar es una responsabilidad compartida. La huelga no es contra la escuela. Es una defensa de la escuela pública y del derecho de todo el alumnado a una educación digna. Sin recursos suficientes, sin apoyo social y sin una inclusión bien dotada, no hay equidad educativa.
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