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"El sexo no puede desvirtuarse en aras de una libertad mal entendida"

Gincana sexual con menores organizada por el Ayuntamiento de Vilassar de Mar.

Gincana sexual con menores organizada por el Ayuntamiento de Vilassar de Mar. / Imagen de Instagram

En realidad no debería causar alboroto lo ocurrido en Vilassar de Mar por la gincana infantil “porno” organizada por el Ayuntamiento en julio. Digo que no debería causar alboroto porque la sociedad en la que estamos actualmente está hipersexualizada y precisamente muchos se encargan de que sea así. Todavía no se han dado cuenta de que el ser humano tiene de base un desarreglo en los afectos. Esto hace que cuando se potencia esta alteración nos encontramos con una disfuncionalidad aterradora: confundir la sexualidad pura y dura con el amor. Eso provoca una distorsión antropológica que podemos ver cada día en las noticias.

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Cuando hablo de amor no me estoy refiriendo a la frivolidad con la que se trata este concepto en ciertos programas de televisión donde todo son lloriqueos y sentimentalismos superficiales. El amor es otra cosa diferente. Para amar es preciso tener fortaleza y reciedumbre. El amor requiere fidelidad y lealtad. Es necesario el esfuerzo. Y créanme si les digo que es la manera de ser feliz. En este contexto de amor es donde debe intercalarse la sexualidad. No puede desvirtuarse en aras de una libertad mal entendida.

Potenciar el sexo independientemente del amor humano crea personas desesperanzadas, ansiosas y con vacío existencial. La sexualidad y el amor verdaderamente humanos son dos dimensiones que se unen formando una categoría siguiendo las atribuciones anatómicas y fisiológicas del cuerpo humano, ya sean genitales y cerebrales.

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