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"El cáncer campando a sus anchas y mi hermano sin tener idea de cuándo lo operarán, si lo operan"

Dos médicos en un quirófano.

Dos médicos en un quirófano. / Pexels / Vidal Balielo Jr

La falta de recursos endémica, el covid-19 y la desidia de muchos políticos y de algunos profesionales han provocado la falta de una asistencia rápida y de calidad a muchos pacientes con enfermedades graves que requieren rapidez y tratamientos complejos.

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Mi hermano empezó a tener síntomas de problemas de próstata en el año 2020. En noviembre del año 2021 le practican una biopsia en la que se constata una invasión tumoral del 100% y con una gran posibilidad de que el cáncer se pueda extender a otros tejidos. A principios de 2022 le visita un urólogo en el Hospital general de L’Hospitalet. Allí le confirman la gravedad del cáncer y la necesidad de operarlo. Le programan una intervención manual para el 12 de mayo. Es decir, tres meses de angustia, estrés y miedo; cada día sin intervenir aumenta la posibilidad de metástasis.

El día antes de la operación le llaman del hospital Moisés Broggi de Sant Joan Despí, donde se debía realizar la intervención, para comunicarle que queda cancelada debido a un accidente del cirujano. Desconcierto, indignación, impotencia: ¿No hay un cirujano de reserva para estos casos? ¿No sería más correcto citar al paciente el día en el que se debía hacer la operación para darle explicaciones? Mi hermano acude al hospital para quejarse. Respuesta: que el único cirujano que hace este tipo de operaciones en ese hospital es el accidentado y que le derivan al hospital de Bellvitge. En Bellvitge, lógicamente, se lo tienen que estudiar, y después de reunirse el equipo médico, contactarán con él. Dicho de otra manera: volver a empezar. El cáncer campando a sus anchas y mi hermano sin tener idea de cuándo lo operarán, si lo operan.

Mientras construimos repúblicas en el aire, la sanidad pública catalana está a la cola del Estado en inversión, tanto en porcentaje sobre el PIB como en porcentaje sobre el presupuesto. Claro que siempre tenemos a mano el comodín del “Espanya ens roba” y el déficit fiscal para justificarlo todo.

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