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Caja Madrid, el preludio del 'caso Lezo'

Los expresidentes de Bankai y Caja Madrid, Rodrigo Rato y Miguel Blesa, durante el juicio por las polémicas tarjetas opacas de Caja Madrid, el 26 de septiembre del 2016.

Los expresidentes de Bankai y Caja Madrid, Rodrigo Rato y Miguel Blesa, durante el juicio por las polémicas tarjetas opacas de Caja Madrid, el 26 de septiembre del 2016. / EFE / CHEMA MOYA

Mario Martín

Antes de la fijación del PP por el patrimonio del Canal de Isabel II, otra empresa madrileña fue víctima de las mismas praxis. Se trata de Caja Madrid, la tricentenaria entidad, antes conocida como Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid.

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La forma de entender el poder, de tomar el control, de fagocitar cualquier rasgo de profesionalidad en su gestión, de esquilmar sus recursos, de utilizar la dirección de gestión de personas como una agencia de colocación para los propios -fueran hijos, parejas, cuñados, yernos o amantes-, alejándose de la mínima y necesaria meritocracia acabó con los sueños de miles de empleados honestos a los que les fueron hurtadas sus ilusiones. También acabó con la capacidad crediticia de la que llegó a ser la segunda entidad financiera más solvente de España, a base de financiar proyectos sin en el mínimo análisis de control de riesgos, en base a recomendaciones y amistades.

En época de Esperanza Aguirre, Ignacio González era el encargado de trasladar sus órdenes a Miguel Blesa, empezando siempre sus indicaciones al amigo jienense de Aznar con el latiguillo de: "Dice la 'jefa'...". ¿La jefa de qué?, me lo preguntaba yo entonces, y me lo sigo preguntando hoy.

Lo que supuso en esa época estar en Caja Madrid se resume en el hecho de que los políticos del momento preferían un sillón en el consejo de administración de la entidad a ser ministros. Tal como hizo Mercedes de la Merced renunciando a la propuesta de Aznar y cobrando fidelidades a través de 'tarjetas Black'.

Desde el expresidente de la CEOE al exjefe de la Casa Real; desde la propia secretaria de Aguirre, Mercedes Rojo Izquierdo, nombrada consejera sin ningún conocimiento financiero, a la socia de la mujer de Ignacio González, Carmen Cafranga, nombrada directora de la Fundación Caja Madrid. Todos utilizaron 'tarjetas Black'.

Y si había que conseguir dinero fácil para cualquier proyecto, ahí estaba la 'jefa', su 'número dos' y el exinspector fiscal Blesa, dedicado a los más costosos gustos -desde vino Vega Sicilia a cacerías dignas de un rey o ensoñaciones de seductor- solo viables con cargo a la amplia billetera 'black' que manejaba.

La alegoría final que el paso del tiempo nos regala es el hecho de que, decidida la sustitución de Miguel Blesa, fueran Rodrigo Rato e Ignacio González los candidatos planteados por el aparato del Partido Popular para ello, alejándose de cualquier criterio de profesionalidad; aunque eso sí, visto lo visto, difícil encontrar dos personas con tantas coincidencias, especialmente judiciales, debido a sus ambiciones económicas, de ambos, para sí mismos.

Yo entré a trabajar en aquella casa hace más de 40 años, era poco más que un adolescente y mis mayores de entonces me decían: "Chaval trabaja, sé honrado, fiel, cumplidor y tu futuro estará asegurado". Pero aquella entidad que era la segunda más deseada para trabajar por los españoles, junto a El Corte Inglés, no consiguió sobrevivir al saqueo de las presidencias consecutivas de Miguel Blesa y Rodrigo Rato. Ni a los 14 años de influencia de Esperanza Aguirre, y las consecuencias las pagamos toda una generación a base de incertidumbre para nuestros próximos años, justo cuando más certeza precisábamos.

¿Qué hicimos para merecernos ésto? La respuesta es maquiavélica y queda a la vista, ante hechos como los ahora conocidos en el Canal de Isabel II. Igual que pasó con aquella Caja Madrid, lo que hicimos fue tener éxito y generar beneficio. El dinero vinculado a ello es lo que atrajo el interés de esta gente. Esa fue nuestra condena.

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