13 jul 2020

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Cada palo que aguante su vela

Beatriz Arregui Buetas

Una terraza en Igualada, que entró en fase 1 el pasado lunes.

Una terraza en Igualada, que entró en fase 1 el pasado lunes. / EFE / SUSANNA SÁEZ

Como de bien nacido es ser agradecido, en primer lugar doy las gracias por la consideración que ha tenido el Gobierno con las localidades de menos de 5.000 habitantes, donde se nos quitaron las limitaciones horarias, por lo que se nos permite salir a cualquier hora desde la fase 0. Pero me surge una duda, ¿por qué tenemos que seguir, para muchas de las medidas decretadas en las mismas condiciones que las grandes capitales? Por ejemplo, el bar.

Entretodos

Si en mi pueblo, en el que no ha habido ni un solo caso de covid-19, hay un bar que ha ampliado su terraza y estamos todos los que después nos vemos en las tiendas, el estanco, por los caminos paseando... ¿Por qué no puedo usar su baño por ejemplo? ¿Por qué no puedo entrar dentro? ¿Por qué los niños no pueden ir al cole si hay 12 en cada clase? ¿Por qué tendremos que tener un horario y reservar hora si al final se puede ir a la piscina?

Está claro que no estamos en igualdad de condiciones. Las ciudades tienen infinitamente más servicios, más oferta de ocio, de compras, culturales, educativas, etc. Pero cuando vienen mal dadas, todos somos iguales. 

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