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Boadella y su energúmena frase sobre las manos de un macho

Julián Arroyo Pomeda

Julián Arroyo Pomeda

Madrid

Boadella y su energúmena frase sobre las manos de un macho

EFE / JUAN CARLOS HIDALGO

¡Qué pena de Boadella pretendiendo defender lo indefendible! Para qué dar la cara, cuando el mismo Plácido Domingo reconoce que las normas con las que en este momento "medimos las cosas son muy diferentes a las del pasado". Dejémoslo aquí. Seguirá siendo uno de los mejores tenores del mundo, a pesar de sus miserias. Ángela Turner denuncia el acoso del tenor: "hizo resbalar sus manos desde los hombros hasta los pechos". Podría haberlo evitado con un guantazo o teniendo las manos quietas, pero Boadella explota: "Las manos de un macho no están para estar quietas precisamente. De lo contrario los humanos no existiríamos como especie". Qué borde y qué grosero.

Pues bien, las manos no están, ni mucho menos, para lo que sugiere la energúmena frase de Boadella. Él, que es una persona culta, podría recordar al filósofo griego Anaxágoras (500-428 a. C.), quien relacionó el pensamiento con las manos. El alma está en la punta de los dedos, porque las manos y la piel son puertas del conocimiento. Las cosas viven por nuestro tacto. Las manos son los órganos de nuestro cuerpo. Nuestra relación con el mundo se hace a través de lo que está a mano (Zuhandenheit, Heidegger), de los utensilios. Con la mano construimos artesanía, hacemos literatura, diseñamos arquitectura, realizamos cualquier trabajo creativo y nos alimentamos, hasta nos defendemos.

Boadella ha sido siempre un dramaturgo inquieto, criticando y satirizando todo lo que encontraba como representación del poder. Nos ha hecho pensar y reír mucho. Desde hace un tiempo le veo dando más tumbos por escorarse a proyectos políticos que nada le favorecen. Aceptó de la derecha madrileña más rancia la dirección de Teatros del Canal en el 2009 y el premio Alfonso Ussía en el 2012. Apoyó a UPyD y luego a Ciudadanos, y culminó el 2018 como presidente en el exilio de Tabarnia. No creo que tales bandazos engrandezcan su identidad, sino que, en todo caso, pueden ensuciarle sus propias manos.

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