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“Bienvenidos los indultos si las cosas se normalizan”

Primera reunión de la mesa de diálogo Gobierno-Generalitat, el 26 de febrero de 2020 en el palacio de la Moncloa.

Primera reunión de la mesa de diálogo Gobierno-Generalitat, el 26 de febrero de 2020 en el palacio de la Moncloa. / EFE / KIKO HUESCA

El presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, declaró el jueves pasado que “En el Estado de derecho caben los indultos. Hay muchas opiniones entre los empresarios, pero si esto acaba en que las cosas se normalizan, bienvenidos los indultos”.

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El empresariado necesita normalidad en las cosas. Estabilidad, consumo, economía sostenible... Todo lo necesario para que todo vaya bien y no haya sobresaltos que distorsionen el equilibrio. Parece ser que los indultos pueden contribuir a ello y seguramente sea un primer intento de distensión, políticamente hablando.

Como ciudadano, español y catalán, quiero que “las cosas se normalicen”, pero me pregunto de qué manera. El conflicto está muy polarizado. Se supone que en este momento las dos partes que pueden negociar y acordar son proclives a sentarse y hablar. Pero hablar sobre qué. Unos ponen sobre la mesa sus pretensiones legítimas, muy concretas e incuestionables; otros entienden que no hay recorrido, pues la Carta Magna los tiene comprometidos a no atender esas pretensiones. Ha de haber un ‘arreglo’ inteligente y satisfactorio para todos, con concesiones y acuerdos que tendrán, si eso ocurre, un largo proceso de discusión parlamentaria e inciertas reacciones muy lejos del consenso.

Los indultos son un ‘sí o sí’. El Ejecutivo tiene la legalidad y la potestad de adjudicarlos y el Rey la obligación constitucional de firmarlos. Hasta ahí, bien. ¿Y después qué? ¡La mesa de negociación!

¿Se conseguirá rebajar el objetivo de segregación de Catalunya respecto a España? ¿Los ideales independentistas se diluirán como un azucarillo en un vaso de agua? No se puede descabalgar así como así, aunque Junqueras diga que fue un error, error a corregir para volver a intentarlo. Los resultados del 14-F demuestran una fortaleza del soberanismo sin discusión.

Me da la impresión de que estamos abocados a un arbitraje europeo, internacional. Pienso que la figura del mediador acabará imponiéndose.

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