30 mar 2020

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"Bienvenida, querida nieta, a este mundo maravilloso e imperfecto"

Mario Martin

Un recién nacido. 

Un recién nacido. 

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La mañana del 12 de febrero me levanté pronto. Tenía tarea y planes para una tarde relajada y ahora voy abalanzado hacia Madrid, a más de 200 kilómetros por hora, a lomos de un tren AVE, tras unas horas solo dedicadas a llegar lo antes posible para observar tu primera mirada, ver como abres la boca para alguno de tus incipientes bostezos, oír tu primer llanto e intuir una sonrisa en el movimiento de una mueca de tus labios.

Solo a punto de nacer y ya nos has hecho presente tu primer rasgo: la capacidad de movernos a todos a tu alrededor. Estos que te rodean hoy -venidos desde la orilla andaluza del Mediterráneo, desde las montañas nevadas del Valle de Arán, desde un castizo rincón chamberilero o desde el mismo Portillo de la Arganzuela- no sabían, hace una simples horas, que ahora estarían donde están, y lo están por tí.

Bienvenida, querida nieta, a este mundo maravilloso, imprevisible la mayoría de las veces, pero, justo por ello; apasionante, imperfecto por humano, sublime por naturaleza, que te dará el marco perfecto para perseguir todo aquello que sueñes, para conseguir lo que puedas imaginar, para conocer, para descubrir, para amar… En el que hoy empiezas tu personal, particular y exclusiva aventura en él. 

Ya te he visto y guardo para mí, en mi interior, el recuerdo de esa primera mirada cruzada. He jugueteado con tus pequeños dedos de las manos hasta dejarme asir uno de los míos entre los tuyos, en una pequeña ceremonia que ya hice con tu hermano, igual que con tu padre.

Has llegado bajo el influjo de la primera super luna de este año 2020, y te has convertido en nuestra particular gran luna, brillando durante la noche y dándonos luz. Hoy somos más felices que ayer, y lo somos por ti.
 

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