18 sep 2020

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Basta de excusas para no utilizar el transporte público

Pepe Pacheco de Mota

Un tren de Rodalies, en una imagen de archivo.

Un tren de Rodalies, en una imagen de archivo. / ALBERT BERTRAN

Aunque hay casi unanimidad en que Barcelona tiene un problema de tráfico y de contaminación, cada vez que se toma alguna medida no faltan las eternas excusas para seguir utilizando el coche. Así, algunos dicen que restringir los coches antiguos afecta a la gente más humilde. Considerando que, según un estudio de Automovilistas Europeos Asociados (EAE), tener un coche cuesta más de 7.000 euros al año, mucho más que cualquier abono, no entiendo qué hace una persona humilde desperdiciando ese dinero en un coche en lugar de usar el transporte público, aunque suponga perder algo de tiempo. Si esa gente es "humilde", ¿qué seré yo, que ni en sueños podría permitirme un coche?

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Otra clásica excusa es la de que el transporte público es insuficiente o no ofrece un buen servicio. Esto lo debe de pensar gente que no ha viajado mucho, porque aunque todo es mejorable, Barcelona tiene un transporte público excelente y el Metro de Barcelona es de los más densos del mundo. Muchas otras ciudades europeas sueñan con un transporte público de la talla del de Barcelona. La cantinela de lo terrible que es Rodalies es en gran medida exageración. Sí, la R3 es un desastre, aunque es también la línea menos utilizada y que pasa por las zonas menos densas; y más allá de la tercera corona, el servicio efectivamente deja que desear. Pero aún así queda una gran mayoría de poblaciones con un servicio muy razonable, y las averías no son para nada tan frecuentes como muchos piensan. Yo usé durante varios años la R4 y nunca noté que el servicio fuera tan deficiente como para que sea realmente necesario ir en coche. Claro que si alguien se va a vivir a una urbanización en el quinto pino porque quiere tener su casita con patio en lugar de un piso más compacto pues tendrá que comerse el gasto que le supone el coche.

Lo que más me encanta, sin embargo, es que no falten quienes piensan que lo que tenemos que hacer es preocuparnos de que los coches vayan a ser eléctricos, como sugería una reciente carta. No solo se tardaría muchísimos años en conseguir que ese cambio surta efecto, además supondría renovar la mejor parte del parque automovilístico con vehículos mucho más caros que los de combustión. ¿Cómo se convence a la gente de comprarse coches eléctricos más caros? ¿Dando subvenciones, es decir, ayudas para que la gente se compre coches? Me parece una idea igual de perversa que esa aberración que es el plan PIVE. Este pensamiento es el 'summum' del inmovilismo, pretender que se invierta muchísimo dinero público para que unos pocos no tengan que cambiar sus hábitos. Para colmo, no atiende al hecho de que el 60% del suelo de nuestra ciudad se dedica a que el 20% de los desplazamientos puedan hacerse en coche. Esto viene a demostrar el poder de influencia que tiene el lobi del coche para hacernos pensar que eso es, de alguna forma, normal.

Basta ya de sentirnos el ombligo del mundo. Barcelona no es ni la primera ni la última ciudad que quiere resolver sus problemas de movilidad y los que derivan de estos, y eso solo se consigue de una forma: desincentivando el coche y fomentando el uso del transporte público. Por cierto, dos cosas que cumple a la perfección el tranvía: reduce carriles y ofrece un excelente servicio (el mejor valorado de todos los transportes públicos, por delante del Metro).

Ya es el colmo que, luego, del tranvía también haya quien se queja. Qué ciudad tan hipócrita la nuestra: todos de acuerdo en que tenemos un problema, pero que lo solucionen sin molestarme. Y, sobre todo, sin obligarme a dejar de ir en coche.

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